La actividad física es un componente eficaz de la atención sanitaria para las personas con enfermedades crónicas, y los profesionales sanitarios pueden ayudar a motivarlas para que modifiquen sus hábitos de comportamiento.¹˒²
Un ensayo realizado con 228 adultos que presentaban dos o más enfermedades crónicas que limitaban sus actividades cotidianas mostró que los pacientes asignados aleatoriamente a recibir 12 semanas de terapia de ejercicio personalizada y apoyo para el autocuidado experimentaron una mejora en su calidad de vida relacionada con la salud al cabo de un año, en comparación con quienes recibieron la atención habitual.²
Este artículo ofrece a los profesionales sanitarios métodos recomendados para fomentar la actividad física en pacientes con enfermedades crónicas (tabla),²˒³ que deben adaptarse al contexto, las preferencias, las necesidades y los valores de cada paciente.

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