El carcinoma de células renales es la forma más común de cáncer de riñón, con 435 000 pacientes diagnosticados recientemente en todo el mundo cada año.
Esta revisión ofrece una visión general de la evidencia actual, destacando las estrategias terapéuticas contemporáneas.viernes, 30 de octubre de 2026
BMJ. Avances en el tratamiento del carcinoma de células renales.
El blog de Ricardo Ruiz de Adana Pérez: Osteopenia y osteoporosis: decisiones terapéuticas prácticas en Atención Primaria.
https://ricardoruizdeadana.blogspot.com
Resumen estructurado para la consulta
Problema: la osteopenia es un hallazgo densitométrico y la osteoporosis una enfermedad de fragilidad ósea. La decisión de tratar depende del riesgo global de fractura, las fracturas previas y la situación clínica, no del T-score aisladamente.
Umbrales españoles 2026: el consenso SEIOMM–SEMERGEN–semFYC–SEMG recomienda tratamiento en determinadas fracturas por fragilidad (vertebral, cadera, húmero o pelvis), en personas de ≥70 años con T-score ≤−2,5 y con probabilidad de fractura de cadera FRAX ≥3 %. Sugiere consensuar tratamiento si FRAX de fractura principal es ≥10 % sin DMO o ≥7,5 % con DMO, o si T-score ≤−2,5 en pacientes ≤70 años. Son criterios clínicos contextualizados, no equivalencias automáticas entre DXA y probabilidad de fractura.
Evaluación: investigar fracturas vertebrales o de cadera, caídas, tratamientos de riesgo, causas secundarias, función renal y determinantes del riesgo. La densitometría DXA y la estimación del riesgo a 10 años son complementarias.
Tratamiento: los bifosfonatos con eficacia frente a fracturas de cadera son opciones iniciales frecuentes. En riesgo muy alto, considerar derivación para estrategia osteoformadora seguida de antirresortivo. Denosumab exige un plan de continuidad o retirada protegida.
Seguridad 2026: en tratamientos prolongados con alendronato, un dolor persistente focal e inexplicado también puede preceder a fracturas atípicas de cúbito o tibia, además de fémur. Ante sospecha, estudiar de forma dirigida y considerar suspender temporalmente durante la evaluación; no suspenderlo preventivamente en todos los pacientes.
Cardioteca. Atlas de ECG: los casos del Aula ordenados por diagnóstico.
Todos los casos del Aula de ECG ordenados por diagnóstico, cada grupo con su píldora para repasar el concepto.
https://www.cardioteca.com/espacio-ecg
Los casos del Aula de ECG, ordenados por diagnóstico: 701 casos publicados desde 2013, uno a la semana, en 23 grupos. Elige un grupo para ver sus casos más recientes y todos los de cada subtipo; cada caso trae el trazado, la discusión de los lectores y la resolución del Dr. Javier Higueras. Para practicar, empieza por un grupo cuyo concepto ya domines y abre el caso sin leer el título.
jueves, 29 de octubre de 2026
SEMEG. #Dislipemia en adultos mayores.
¿𝗣𝗼𝗿 𝗱𝗼́𝗻𝗱𝗲 𝗲𝗺𝗽𝗶𝗲𝘇𝗼?
𝗔𝗖𝗧𝗨𝗔𝗟𝗜𝗭𝗔𝗖𝗜𝗢́𝗡 𝟮𝟬𝟮𝟲 | 𝗠𝗔𝗡𝗘𝗝𝗢 𝗗𝗘 𝗟𝗔𝗦 𝗜𝗧𝗦 𝗣𝗢𝗥 𝗡𝗘𝗜𝗦𝗦𝗘𝗥𝗜𝗔 𝗚𝗢𝗡𝗢𝗥𝗥𝗛𝗢𝗘𝗔𝗘.
Publicada la actualización del manejo de las infecciones de transmisión sexual causadas por Neisseria gonorrhoerae.
Circunstancia modificadora: Uretritis causada por Neisseria gonorrhoeae en población adulta.
Tratamiento antibiótico.
Elección:
Pacientes <150 kg peso: ceftriaxona*# im, 500 mg dosis única (recomendación fuerte, RFFI) (Jespers et al., 2019; Bonkat et al., 2025; Salmerón et al., 2021).
Pacientes >150 kg de peso: ceftriaxona*# im, 1 g dosis única (recomendación fuerte, RFFI) (Jespers et al., 2019; Bonkat et al., 2025; Salmerón et al., 2021).
Alternativo:
En caso de rechazo o contraindicación de vía im:
Pacientes <150 kg peso: cefixima$oral, 400 mg dosis única (GR A) (Guía de Terapéutica Antimicrobiana del Área Aljarafe, 2018).
Pacientes >150 kg de peso: cefixima$ oral 800 mg dosis única (GR A) (Guía de Terapéutica Antimicrobiana del Área Aljarafe, 2018).
Alergias a betalactámicos (toda sospecha debe ser estudiada y confirmarse o descartarse, tanto a penicilinas como a cefalosporinas):
Gentamicina$ im, 240 mg, dosis única + azitromicina$▼ oral 2 g dosis única (GR E) (Guía de Terapéutica Antimicrobiana del Área Aljarafe, 2018).
Medidas no farmacológicas:
Indicación de toma de muestras: Está indicada la toma de muestras de secreciones endocervicales, uretrales, rectales y faríngeas (Guía de Terapéutica Antimicrobiana del Área Aljarafe, 2018; Bignell & Fitzgerald, 2011).
El método de elección para el diagnóstico de la uretritis gonocócica es la PCR, aunque es fundamental realizar el cultivo de la secreción uretral (no son adecuadas las muestras recogidas de vagina) para disponer de datos de sensibilidad a antimicrobianos. Incluir muestra faríngea y/o rectal, en los casos que se considere oportuno por la historia sexual. Remitir las muestras en torunda con medio de transporte antes de las 24 horas de la toma. En la actualidad, es posible el diagnóstico en una muestra de orina retenida en vejiga mediante PCR en la primera parte de la micción o de la primera fracción de orina retenida en vejiga durante 2-3 horas en el caso de la uretritis en hombres. En caso de cultivo positivo, es necesario realizar declaración de casos de EDO a Salud Pública.
Medidas de control:
La principal medida en el control de los casos es el diagnóstico y tratamiento precoz junto con educación sanitaria sobre los síntomas de esta enfermedad y su modo de transmisión. La información verbal debe reforzarse con material escrito o en vídeo, como hipervínculos a sitios web científicos u organizaciones dedicadas a las ITS y folletos (Guía de Terapéutica Antimicrobiana del Área Aljarafe, 2018).
Evitar las relaciones sexuales hasta que ellos y sus parejas hayan completado el tratamiento y estén asintomáticos. Utilizar métodos de barrera para todo tipo de contacto sexual para pacientes confirmados o con sospecha (genital, urogenital, anal u oral) (Bonkat et al., 2025; Guía de Terapéutica Antimicrobiana del Área Aljarafe, 2018).
Realizar seguimiento de los casos para valorar adherencia al tratamiento y resolución de síntomas y valoración de contactos (Guía de Terapéutica Antimicrobiana del Área Aljarafe, 2018).
Es recomendable el control en embarazadas 3 semanas tras finalizar el tratamiento (Guía de Terapéutica Antimicrobiana del Área Aljarafe, 2018).
Descartar otras ITS, en particular el VIH (Guía de Terapéutica Antimicrobiana del Área Aljarafe, 2018).
Valorar el estado de vacunación frente a la hepatitis B y vacunar si el caso no está vacunado correctamente. Revacunar en los casos en que los antiHBs<10 y/o presenta antiHBc positivo pero antiHBs<10) (Guía de Terapéutica Antimicrobiana del Área Aljarafe, 2018).
En hombres que practican sexo con hombres, valorar la inmunidad frente a virus de hepatitis A (VHA). Indicar vacunación si no existe inmunidad (Guía de Terapéutica Antimicrobiana del Área Aljarafe, 2018).
Tratamiento de las parejas sexuales: se recomienda examinar y tratar todos los contactos sexuales, incluso asintomáticos, de los 60 días previos al inicio de los síntomas, o del último contacto, si hace más de 60 días o hasta 6 meses en el caso de parejas de varones con uretritis no gonocócica asintomáticos (Bonkat et al., 2025; Bignell & Fitzgerald, 2011).
Recomendar estrategias favorecedoras del sexo seguro, utilización de métodos anticonceptivos de barrera (incluido en el sexo oral) y promoción del uso consistente del preservativo y prevención combinada (Sistema de Información Microbiológica et al., 2017).
El Blog de la Guía Terapéutica. Probióticos: lo que creíamos y lo que sabemos hoy.
https://guiaterapeutica.wordpress.com/
Aunque la definición de probiótico recogida en nuestra publicación de 2017 sigue vigente, los criterios para que un microorganismo pueda denominarse legítimamente «probiótico» se han vuelto más estrictos1,2. Actualmente, este término se reserva para microorganismos vivos que hayan demostrado un beneficio para la salud en estudios controlados en humanos. Por ello, ya no es suficiente identificar el género y la especie, se exige vincular el beneficio a cepas específicas o combinaciones de cepas en una dosis efectiva demostrada. Además, la nomenclatura taxonómica ha ganado precisión, y permite una identificación más rigurosa de las cepas utilizadas en investigación y práctica clínica1,2.
Desde 2017 se ha producido un incremento exponencial de ensayos clínicos en humanos, especialmente en el ámbito gastrointestinal. A pesar de que la prevención de la diarrea asociada a antibióticos (DAA) ya contaba entonces con evidencia sólida, en los últimos años han surgido nuevas indicaciones con distintos grados de respaldo científico1,3,4.
- Una revisión Cochrane de 2019 confirmó que los probióticos pueden reducir el riesgo de diarrea asociada a antibióticos (DAA) en niños, cuya incidencia disminuyó del 19 % al 8 % en los estudios analizados. Entre los diversos probióticos evaluados, Lactobacillus rhamnosus o Saccharomyces boulardii en 5.000 millones a 40.000 millones de unidades formadoras de colonias (UFC) al día, parecen ser los más apropiados para prevenir la DAA en los infantes que reciben tratamiento antibiótico1,3,4. Por otra parte, una revisión de 2022 sugiere que el uso temprano de probióticos también podría prevenir la DAA en pacientes mayores de 65 años1,5. Se ha propuesto el uso rutinario de probióticos en mayores, para prevenir el desarrollo de DAA cuando reciben tratamiento antibiótico. No obstante, también se afirma que, debido a las diversas definiciones de DAA, los tipos de probióticos y antibióticos, y el tiempo de seguimiento, se necesitan estudios a mayor escala con una definición coincidente de DAA y tiempo de seguimiento para fortalecer la conclusión1,3,5.
- La microbiota intestinal puede desempeñar un papel importante en la diarrea inducida por radiación al reforzar la función de barrera intestinal, mejorar la inmunidad innata y estimular los mecanismos de reparación intestinal. Un metanálisis de 2013 concluyó que los probióticos pueden ser beneficiosos para prevenir y, potencialmente, tratar la diarrea inducida por radiación1.
- Respecto al uso de probióticos en el tratamiento de la infección por Helicobacter Pylori, el consenso científico Maastricht VI/Florence (2022) afirmó que, pese a la baja calidad de la evidencia y el grado moderado de recomendación, los probióticos parecen aumentar la tasa de erradicación de H. pylori al reducir los efectos secundarios relacionados con el tratamiento de erradicación, más que a través de efectos directos sobre H. pylori1,3.
- En población pediátrica, como apuntamos en la guía terapéutica, Lactobacillus reuteri DSM 17938 y Bifidobacterium animalis subsp. lactis BB12 han demostrado reducir el tiempo de llanto en lactantes con cólico, aunque sin eliminar completamente los síntomas3,6.
Para una revisión más detallada de las cepas probióticas y de las situaciones clínicas en las que han demostrado eficacia, se recomienda consultar las tablas 8 y 9 de las directrices globales de la World Gastroenterology Organisation sobre probióticos y prebióticos (2023)1.
Una de las principales novedades respecto a 2017 es la creciente evidencia sobre el papel de los probióticos como coadyuvantes de los antibióticos en salud femenina. Diversas revisiones sistemáticas publicadas entre 2020 y 2025 concluyen que, en la vaginosis bacteriana, la combinación de probióticos y antibióticos potencia la eficacia terapéutica y reduce la tasa de recurrencia en comparación con el uso exclusivo de antibióticos. Entre las cepas estudiadas, Lactobacillus rhamnosus TOM 22.8 mostró resultados especialmente relevantes cuando se administra a una dosis de 10×10⁹ UFC al día durante 10 días. Los resultados muestran mejoría significativa de la puntuación de Nugent, del pH vaginal y de la composición de la microbiota vaginal, además de una reducción de las recurrencias2,3,7.
A pesar de estos avances, persisten importantes áreas de incertidumbre. Por ejemplo, una revisión Cochrane de 2025 afirma que las intervenciones basadas en el microbioma intestinal en adolescentes de 10 a 19 años pueden tener poca o ninguna diferencia en los resultados relacionados con la obesidad9. Los estudios sugieren que las intervenciones moduladoras de la microbiota intestinal pueden mejorar el control glucémico en niños y adolescentes con diabetes tipo 1, particularmente la hemoglobina glicosilada y la glucosa en sangre en ayunas. Sin embargo, la evidencia científica disponible sigue siendo insuficiente para establecer recomendaciones específicas sobre la formulación, la dosis o la duración óptima del tratamiento. Por ello, se necesitan ensayos pediátricos más amplios y bien diseñados8,10,11.
En enfermedad renal crónica, la hipótesis fisiopatológica que relaciona la disbiosis intestinal con la progresión de la enfermedad ha generado un interés creciente. Sin embargo, los estudios disponibles son escasos y metodológicamente heterogéneos, por lo que actualmente no puede establecerse con certeza la superioridad de probióticos, prebióticos (componentes de los alimentos que el cuerpo no digiere, pero que los microrganismos pueden usar)14 o simbióticos (productos que contienen probióticos y prebióticos)14 frente al tratamiento estándar12.
En relación con los trastornos del neurodesarrollo, algunos estudios sugieren que la suplementación con Lactobacillus reuteri podría mejorar aspectos de la interacción social y la comunicación en niños con trastorno del espectro autista. No obstante, la calidad de la evidencia continúa siendo limitada y los resultados deben interpretarse con cautela13.
Es fundamental recordar que los beneficios de los probióticos son cepa-específicos y dosis-dependientes. En la tabla 1 podemos ver un resumen con las indicaciones más relevantes1,2,3,8.

- La mayoría de las recomendaciones anteriores cuentan con niveles 1–2 según Oxford Centre for Evidence-Based Medicine1.
- Las guías advierten que la dosificación debe basarse estrictamente en estudios en humanos que hayan demostrado beneficios. Además, las empresas deben garantizar que el número de microrganismos vivos (UFC) se mantenga hasta el final de la vida útil del producto1,3.
Sin embargo, la aplicación de la evidencia de los ensayos clínicos con probióticos está plagada de problemas debido a la heterogeneidad de los diseños de los ensayos, las intervenciones probióticas y las poblaciones estudiadas, así como al reducido número de participantes en cada ensayo clínico.
No usar
El uso de probióticos debe evitarse o restringirse bajo estricta supervisión médica en pacientes inmunocomprometidos, personas en estado crítico y pacientes con la barrera intestinal dañada (como en casos de isquemia, enterocolitis o mucositis), debido al riesgo de translocación bacteriana que puede derivar en sepsis o bacteriemia. Existe una contraindicación específica en casos de pancreatitis aguda grave, donde se ha observado un aumento de la mortalidad e isquemia intestinal. También se desaconseja el uso de Saccharomyces boulardii en pacientes críticos con infecciones por C. difficile por el riesgo de fungemia. Otros grupos de alta vulnerabilidad incluyen a los recién nacidos prematuros, portadores de catéteres venosos centrales, pacientes con cardiopatías y aquellos con síndrome de intestino corto15.
Conclusiones
- Ya no basta con identificar el género y la especie; para que un microrganismo sea considerado legítimamente un «probiótico», debe haber demostrado un beneficio para la salud en estudios controlados en humanos vinculados a cepas específicas y en una dosis efectiva.
- Existe evidencia sólida de que cepas específicas son efectivas para prevenir la diarrea asociada a antibióticos (DAA) en niños (especialmente L. rhamnosus o S. boulardii) y posiblemente en mayores de 65 años.
- También se han mostrado beneficios en la diarrea aguda viral pediátrica, el cólico del lactante y como adyuvante en la erradicación de H. pylori al reducir efectos secundarios.
- Una de las novedades más relevantes es el papel de los probióticos (como L. rhamnosus) como coadyuvantes de los antibióticos en la vaginosis bacteriana, donde ayudan a potenciar la eficacia terapéutica y reducir las recurrencias.
- La especificidad es clave: los beneficios de los probióticos son cepa-específicos y dosis-dependientes.
- A pesar de los avances, la evidencia es insuficiente o de baja calidad en áreas como la obesidad en adolescentes, la diabetes tipo 1, la enfermedad renal crónica y los trastornos del neurodesarrollo.

Bibliografía
- Directrices mundiales de la Organización Mundial de Gastroenterología. Probióticos y prebióticos. WGO Global Guideline Probióticos y prebióticos. https://www.worldgastroenterology.org/guidelines/probiotics-and-prebiotics/probiotics-and-prebiotics-spanish
- Luces y sombras de los probióticos. https://guiaterapeutica.wordpress.com/2017/10/20/luces-y-sombras-de-los-probioticos/
- Espín Jaime B. Probióticos: luces y sombras. AEPap (ed.). Curso de Actualización Pediatría 2018. Madrid: Lúa Ediciones 3.0; 2018. p. 191-200.
- Guo Q, Goldenberg JZ, Humphrey C, El Dib R, Johnston BC. Probióticos para la prevención de la diarrea asociada a antibióticos en pediatría. Base de Datos Cochrane de Revisiones Sistemáticas 2019, número 4. Art. n.º: CD004827. DOI: 10.1002/14651858.CD004827.pub5. Consultado el 15 de mayo de 2026.
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- Olveira G, González-Molero I. Actualización de probióticos, prebióticos y simbióticos en nutrición clínica. Endocrinol Nutr. 2016;63:482-94. DOI: 10.1016/j.endonu.2016.07.006.
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Ana Isabel Anda Ceniceros. Especialista en Medicina Familiar y Comunitaria. CS. Alberite. La Rioja. Miembro del Comité Editorial de la Guía Terapéutica en Atención Primaria de la semFYC.
(BMJ) Inyecciones de corticosteroides para tratar la tendinopatía.
Infiltraciones con corticoides en tendinopatías alivian a corto plazo, pero empeoran resultados a largo plazo. Un ECA reciente desaconseja inyecciones de alto volumen con corticoides.
El papel de las inyecciones de corticosteroides en el tratamiento de las tendinopatías (por ejemplo, la del tendón de Aquiles) ha sido motivo de controversia durante décadas. En la formación clínica se enseña que las inyecciones de corticosteroides para la tendinopatía aquílea se asocian con la rotura del tendón y que, por tanto, están contraindicadas.¹² Sin embargo, durante mucho tiempo ha habido escasas pruebas de alta calidad que respalden esta asociación y, del mismo modo, que demuestren su eficacia o falta de ella. En otra tendinopatía relacionada, el codo de tenista, varios ensayos aleatorizados de alta calidad han demostrado que las inyecciones de corticosteroides resultan beneficiosas al principio, pero perjudiciales a largo plazo, incluso en comparación con las inyecciones de placebo.³⁴⁵⁶ A pesar de este aparente perjuicio a largo plazo, los corticosteroides siguen utilizándose ampliamente para tratar el codo de tenista.⁷ Los beneficios a corto plazo y las desventajas a largo plazo del uso de corticosteroides observados en el codo de tenista parecen reproducirse en otras afecciones musculoesqueléticas.⁸⁹
Una estrategia para abordar las reticencias clínicas al uso de inyecciones de corticosteroides en el tendón de Aquiles ha consistido en denominar el procedimiento inyección de alto volumen de solución salina (que, por lo general, también contiene un corticosteroide). Dejando a un lado las ideas preconcebidas, los ensayos controlados aleatorizados pueden aportar pruebas que respalden o desaconsejen el uso de inyecciones de alto volumen con corticosteroides. El ensayo controlado aleatorizado de Malliaras y sus colaboradores, vinculado a este artículo (doi: 10.1136/bmj-2026-100807), lo demuestra adecuadamente.¹⁰ Al igual que en investigaciones anteriores,¹¹ las inyecciones de alto volumen sin corticosteroides muestran una tendencia similar a la de las inyecciones placebo (simuladas): se observa una mejoría gradual, pero los resultados son decepcionantes en comparación con los del grupo placebo.
Los resultados más interesantes de este estudio vuelven a centrarse en los corticosteroides y coinciden con la tendencia habitual observada en otras tendinopatías. En cuanto al resultado principal, la mejoría de la puntuación VISA-A a las 52 semanas, las inyecciones de alto volumen con corticosteroides obtuvieron malos resultados, es decir, fueron inferiores a las otras opciones, incluida la inyección simulada. Este resultado llevó a los autores a recomendar que no se utilizaran inyecciones de alto volumen con corticosteroides para la tendinopatía aquílea.¹⁰ Sin embargo, esto no significa que los defensores de estas inyecciones deban descartar por completo su uso. A corto plazo se observó el beneficio clínico habitual. Este beneficio también se acompañó de ventajas económicas: las personas que recibieron inyecciones de alto volumen con corticosteroides faltaron menos días al trabajo y necesitaron menos consultas sanitarias que aquellas que recibieron una inyección simulada.
Si se está dispuesto a pasar por alto los peores resultados a largo plazo —con el argumento de que la mayoría de los pacientes acaba mejorando—, a corto plazo los pacientes tratados con corticosteroides abandonaron antes los niveles más bajos de capacidad funcional.¹⁰ Además, en este estudio no se registraron roturas del tendón de Aquiles en ninguno de los grupos. No obstante, ignorar sistemáticamente los resultados inferiores a largo plazo no es prudente: deben tenerse en cuenta y sopesarse frente a los beneficios a corto plazo.
En conclusión, el efecto terapéutico real de una inyección de alto volumen se debe principalmente a la inclusión del corticosteroide. Los corticosteroides no son ni completamente beneficiosos ni completamente perjudiciales, y solo deben utilizarse en el contexto adecuado, es decir, cuando las necesidades a corto plazo prevalecen sobre las de largo plazo.
En el ámbito de la medicina deportiva, este planteamiento puede explicarse con claridad: el uso de un corticosteroide puede tener sentido para tratar una tendinopatía en un deportista cuando quedan seis semanas o menos de competición importante antes de que termine la temporada. Sin embargo, si el mismo jugador presenta la misma lesión justo al comenzar el periodo de descanso entre temporadas, el uso de un corticosteroide para tratar la tendinopatía no sería apropiado. En ese caso, todos los beneficios se producirían durante una época del año poco importante desde el punto de vista competitivo, mientras que los efectos perjudiciales tardíos —como el riesgo de recaída— podrían aparecer meses después, en un momento mucho más relevante.
Las personas que no son deportistas profesionales también atraviesan etapas vitales comparables a los playoffs o a los campeonatos mundiales para los atletas. Por ejemplo, cuando están a punto de emprender unas vacaciones costosas que han reservado con mucha antelación.
El uso de corticosteroides para tratar las tendinopatías parece consistir en pedir prestado al futuro para financiar el presente. Las circunstancias individuales deben determinar la importancia relativa del presente y del futuro próximo frente al medio y largo plazo.
Lo más importante es que nunca se debe decir a un paciente que un corticosteroide solucionará o curará una tendinopatía. Lo contrario se ajusta más a la realidad: la probabilidad de curación a largo plazo de una tendinopatía es menor cuando se administra una inyección de corticosteroides.
La mejoría a corto plazo es notable, pero los beneficios constituyen un préstamo, no un regalo. Todos los profesionales sanitarios que recomienden o administren inyecciones de corticosteroides para tratar tendinopatías deben comprender esta contrapartida y esforzarse por explicar al paciente la perspectiva global como parte del proceso de consentimiento informado.


