La seguridad del paciente comienza con el acceso a la atención sanitaria
. El editorial lo dice claro: barreras acceso son incidentes de seguridad del paciente
. El informe @ECRI_Institute los sitúa como el segundo mayor riesgo en 2026.
Tradicionalmente, los programas de
seguridad del paciente se han centrado en el análisis y prevención de los
eventos adversos que se producen durante la atención clínica. Pero la seguridad
del paciente comienza mucho antes: comienza en el acceso a la asistencia
sanitaria.
Este es el argumento central del
artículo sobre los incidentes de seguridad que
se producen antes de atender al paciente, recientemente publicado en
JAMA.
Los autores señalan
que las demoras y dificultades en el acceso a la asistencia son más que meros
problemas de gestión o de eficiencia administrativa, y deben considerarse
incidentes de seguridad del paciente. Por ello, proponen abordar los problemas
de accesibilidad aplicando algunos principios propios de las organizaciones de
alta fiabilidad.
Estudios previos han
demostrado que los riesgos de seguridad del paciente comienzan antes de la
valoración clínica, desde la llegada del paciente al centro sanitario. Se han
descrito, sobre todo en los servicios de urgencias, eventos adversos por
retrasos diagnósticos y deterioros clínicos no detectados, asociados a la
sobrecarga asistencial y a los tiempos de espera.
Hassid y Kaafarani
amplían el espacio temporal en el que puede verse comprometida la seguridad del
paciente, situándolo antes del contacto físico con el sistema sanitario. Su
aportación más relevante consiste en considerar que las barreras para conseguir
cita y las dificultades para recibir la atención precisa, a tiempo y por el
profesional más adecuado en cada caso, impactan directamente en la seguridad
del paciente con consecuencias clínicas que pueden ser graves.
El editorial llega en
un momento oportuno. Su publicación en marzo de 2026 coincide con la del
informe sobre los 10 problemas más preocupantes
para la seguridad del paciente en 2026, que sitúa los problemas de
acceso a la asistencia en el segundo puesto entre los principales riesgos.
Aunque el informe alude específicamente al deterioro de la accesibilidad en las
zonas rurales, la realidad en nuestro país es que las dificultades para acceder
a la atención sanitaria constituyen un problema en aumento, que afecta también
al ámbito urbano y que incrementa las desigualdades sociales en salud.
Las dificultades para
conseguir cita, las demoras para la realización de pruebas diagnósticas y el
incremento de las listas de espera empujan a la población a buscar vías
alternativas de acceso a la atención sanitaria. La evidencia disponible en
nuestro país muestra la asociación entre las demoras en
atención primaria y la contratación de seguros privados. También en
este aspecto se cumple la ley de los cuidados inversos: las personas con
mayores ingresos son las que pueden recurrir con más facilidad a seguros médicos
privados, lo que introduce un importante factor de inequidad en el acceso a la
asistencia.
Las listas de espera
constituyen una de las expresiones más visibles de los problemas de
accesibilidad. Detrás de ellas confluyen factores organizativos complejos, como
los recursos insuficientes, las dificultades de planificación, la sobrecarga
asistencial o la fragmentación de los circuitos de atención. Su impacto va
mucho más allá de la demora en la atención: retrasos diagnósticos, deterioro
clínico, pérdida de oportunidades terapéuticas y peor pronóstico. Son,
exactamente, los riesgos que Hassid y Kaafarani reclaman que el sistema aprenda
a identificar.
Aunque las barreras
para el acceso a la asistencia han estado fuera del radar de la seguridad
clínica, sus consecuencias pueden ser igual de graves que las de los eventos
adversos derivados de la asistencia sanitaria.
Cuando un paciente no
puede acceder a tiempo a la atención que necesita, algo está fallando en el
sistema. Independientemente de que los problemas de acceso se deban a
dificultades administrativas, a obstáculos organizativos o a decisiones de
gestión inadecuadas, se trata de fallos que merecen ser analizados, registrados
y corregidos con el mismo rigor que los que se producen durante la atención clínica.
Reconocer su importancia es el primer paso para hacerles frente.