lunes, 7 de septiembre de 2026

(JAMA) Aumentan las muertes por cáncer colorrectal entre los adultos jóvenes.

 https://jamanetwork.com

Las muertes por la mayoría de los principales tipos de cáncer han disminuido entre las personas menores de 50 años, pero las muertes por cáncer colorrectal han aumentado, según una carta de investigación publicada en JAMA Network Open.

El estudio analizó los cambios en la mortalidad por cáncer entre 2000 y 2024 entre personas en Canadá de entre 20 y 49 años. De las 10 principales causas de mortalidad relacionada con el cáncer, 9 mostraron tendencias decrecientes o estables, siendo las que más disminuyeron las muertes por cáncer de pulmón y mama. Sin embargo, las muertes por cáncer colorrectal entre personas de 20 a 49 años en Canadá aumentaron de 300 en 2000 a 442 en 2024. Un estudio previo encontró que las muertes por cáncer colorrectal aumentaron en adultos menores de 50 años en Estados Unidos aproximadamente en el mismo periodo.

Los investigadores señalaron que las muertes por cáncer de pulmón disminuyeron gracias a campañas efectivas de salud pública contra el tabaquismo, mientras que la mortalidad por cáncer de mama disminuyó gracias a un mejor acceso al cribado, detección más temprana y tratamientos más personalizados. Señalaron que el aumento de muertes por cáncer colorrectal va acompañado de una tendencia a una mayor incidencia de inicio temprano, lo que podría reflejar cambios en la etiología más que en las prácticas diagnósticas.

El cáncer colorrectal es ahora la segunda causa principal de mortalidad por cáncer entre los jóvenes en Canadá, después del cáncer de mama, y se proyecta que sea la más común. Otro estudio encontró que ya es la principal causa de muerte relacionada con el cáncer entre personas menores de 50 años en Noruega. A medida que el cáncer colorrectal sigue afectando a poblaciones más jóvenes, los investigadores subrayaron la necesidad de comprender su epidemiología cambiante y los factores que generan riesgo.

(BJCP) La obesidad modula el riesgo de hipertensión y eventos cardiovasculares, y puede influir aún más en las respuestas farmacocinéticas y farmacodinámicas a la terapia antihipertensiva.

 https://bpspubs.onlinelibrary.wiley.com/

Resumen

La hipertensión arterial en el contexto de la obesidad constituye un importante desafío para la salud mundial y está estrechamente relacionada con las epidemias globales de obesidad, diabetes mellitus tipo 2 y disfunción metabólica.

El exceso de tejido adiposo contribuye al aumento de la presión arterial mediante múltiples mecanismos interrelacionados, entre ellos la activación del sistema renina-angiotensina-aldosterona, la hiperactividad del sistema nervioso simpático, la resistencia a la insulina, la inflamación y la alteración de la regulación de las adipocinas.

De forma especialmente relevante, la evidencia emergente indica que la composición corporal desempeña un papel fundamental en la modulación del riesgo de hipertensión, la respuesta al tratamiento y los resultados cardiovasculares.

Este artículo destaca la necesidad de adoptar un enfoque farmacoterapéutico más individualizado para el tratamiento de la hipertensión arterial en las personas con obesidad.

Aunque las modificaciones del estilo de vida y la reducción de peso siguen siendo fundamentales, el tratamiento farmacológico debería adaptarse a los mecanismos fisiopatológicos predominantes en cada paciente, como la expansión del volumen intravascular, la activación neurohormonal y las alteraciones metabólicas.

También se analizan las posibles diferencias entre las distintas clases de fármacos antihipertensivos en el tratamiento de la hipertensión relacionada con la obesidad.

Un enfoque de medicina de precisión, que incorpore la composición corporal y los factores de riesgo metabólico, podría mejorar el control de la presión arterial y reducir el riesgo cardiovascular residual en esta población de alto riesgo.

El mensaje principal sería: no todos los pacientes con obesidad e hipertensión son iguales; la elección del tratamiento debería considerar la composición corporal y el perfil fisiopatológico/metabólico individual.



(Bolcan) Posicionamiento y evidencias de los anticoagulantes de accion directa.

 https://www3.gobiernodecanarias.org

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Enfermedad hepática relacionada con el alcohol: nueva revisión de JAMA (julio de 2026).

1️⃣ Fisiopatología ⚙️

2️⃣ Progresión de la enfermedad ➡️ 3️⃣ Evaluación clínica 💡 4️⃣ Manejo y tratamiento 💊


Resumen

Importancia
La enfermedad hepática asociada al alcohol (EHA) es la principal causa de morbilidad y mortalidad relacionadas con el hígado, y la indicación más frecuente de trasplante hepático en Europa y Estados Unidos. En EE. UU., la mortalidad relacionada con la EHA aumentó de 6,7 muertes por cada 100.000 personas en 1999 a 12,5 por cada 100.000 en 2022.

Observaciones
La EHA puede desarrollarse con un consumo diario y prolongado de alcohol superior a 20 g/día en mujeres (1,4 bebidas estándar/día) y superior a 30 g/día en hombres (2,1 bebidas estándar/día). Una bebida estándar contiene 14 g de etanol, equivalentes aproximadamente a 355 ml de cerveza, 150 ml de vino o 45 ml de bebidas alcohólicas destiladas.

La EHA comprende desde la esteatosis, que es reversible, hasta la esteatohepatitis, que puede provocar hepatitis asociada al alcohol, y la fibrosis, que puede evolucionar a cirrosis, hipertensión portal, descompensación hepática y carcinoma hepatocelular.

Los factores de riesgo para la progresión de la EHA incluyen una mayor cantidad y duración del consumo de alcohol, sexo femenino, edad avanzada, obesidad, diabetes mellitus tipo 2, síndrome metabólico, tabaquismo, hepatitis vírica y determinadas variantes genéticas.

La mayoría de los pacientes con EHA (90 %) son asintomáticos o presentan síntomas inespecíficos, como fatiga. La hepatitis asociada al alcohol suele provocar fiebre, anorexia, náuseas, vómitos, dolor abdominal e ictericia.

Las personas con cirrosis descompensada suelen presentar ascitis, hemorragia por varices, ictericia y/o encefalopatía hepática.

Las pruebas no invasivas de fibrosis hepática, como el índice Fibrosis-4 (FIB-4) —que incluye alanina aminotransferasa, aspartato aminotransferasa, recuento de plaquetas y edad—, así como pruebas de segunda línea más específicas, entre ellas la medición de la rigidez hepática mediante elastografía transitoria controlada por vibración y marcadores sanguíneos de fibrosis, como el test de fibrosis hepática mejorada (ELF) y el propéptido N-terminal del colágeno tipo III (PIIINP), permiten realizar un diagnóstico precoz de la EHA y evaluar la gravedad de la fibrosis hepática, que constituye el predictor más importante de los resultados relacionados con el hígado.

Para prevenir la progresión de la enfermedad se recomiendan intervenciones destinadas a lograr la abstinencia del alcohol, como la terapia de aumento de la motivación, la terapia cognitivo-conductual y el tratamiento farmacológico (por ejemplo, baclofeno y naltrexona).

Dado que el consumo de alcohol suele estar infradeclarado, las herramientas de cribado, como el Alcohol Use Disorders Identification Test (AUDIT), y los biomarcadores sensibles del consumo reciente de alcohol, como la fosfatidiletanol (PEth) en sangre, pueden mejorar la precisión clínica.

La abstinencia mantenida del alcohol es el tratamiento principal de la EHA.

Entre los pacientes con cirrosis relacionada con el alcohol, la abstinencia alcohólica durante un seguimiento mediano de 36 meses se asoció con una reducción del riesgo de mortalidad relacionada con el hígado (hazard ratio ajustado, 0,43; IC del 95 %, 0,26-0,70) y de mortalidad por cualquier causa (hazard ratio ajustado, 0,45; IC del 95 %, 0,30-0,67).

Debe considerarse la evaluación para trasplante hepático en pacientes con hepatitis asociada al alcohol grave o con cirrosis descompensada.

Conclusiones y relevancia
Las personas con un consumo crónico y elevado de alcohol deben ser evaluadas para detectar enfermedad hepática asociada al alcohol mediante pruebas no invasivas.

El objetivo terapéutico principal es lograr la abstinencia del alcohol.

Los pacientes con hepatitis asociada al alcohol grave o cirrosis descompensada deben ser considerados para una evaluación de trasplante hepático.












































OSTEOPOROSIS 2026: ¡NO ESPERES A LA PRIMERA FRACTURA — EMPIEZA HOY A FORTALECER TUS HUESOS! Dr PARVEEN YOGRAJ @dr_yograj

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La osteoporosis es una enfermedad silenciosa hasta que se produce una fractura. Las fracturas de cadera, vertebrales y de muñeca pueden reducir drásticamente la movilidad, la independencia y la calidad de vida, especialmente en las personas mayores.

El enfoque de la #Osteoporosis2026 pone cada vez más énfasis en la evaluación precoz del riesgo, la prevención de fracturas y el tratamiento personalizado, en lugar de esperar a que exista una pérdida ósea grave.

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🔹 Piensa en el riesgo de fractura, no solo en la densidad ósea.

La #DXA continúa siendo el método estándar para medir la densidad mineral ósea. Una puntuación T ≤ −2,5 en la columna lumbar, la cadera total o el cuello femoral respalda el diagnóstico de osteoporosis en las poblaciones en las que está indicado.

Sin embargo, los antecedentes de fracturas y los factores de riesgo clínicos son igualmente importantes.

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🔹 FRAX ayuda a predecir el futuro.

La herramienta #FRAX combina la edad, antecedentes de fracturas, historia familiar, tabaquismo, uso de corticoides y otros factores —con o sin #BMD (densidad mineral ósea)— para estimar la probabilidad a 10 años de sufrir una fractura osteoporótica mayor y una fractura de cadera.

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🔹 La prevención comienza pronto.

Una ingesta adecuada de #Calcio en la dieta, una cantidad apropiada de #VitaminaD, el ejercicio con carga de peso y el fortalecimiento muscular, una buena alimentación, abandonar el tabaco y limitar el consumo excesivo de alcohol son medidas fundamentales.

Los ejercicios para mejorar el equilibrio y prevenir las caídas son especialmente importantes en las personas mayores.

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🔹 Una fractura tras un traumatismo leve es una señal de alarma, no simplemente mala suerte.

Una fractura por fragilidad debería llevar a realizar una evaluación para detectar #Osteoporosis y posibles causas secundarias de pérdida ósea.

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🔹 El tratamiento se basa en el nivel de riesgo.

En muchos pacientes con un riesgo elevado de fractura, los bifosfonatos siguen siendo una opción importante de primera línea.

El denosumab es otra alternativa eficaz en pacientes seleccionados.

Las personas con un riesgo de fractura muy alto, especialmente aquellas con fracturas vertebrales, pueden beneficiarse de tratamientos anabólicos o formadores de hueso, como teriparatida o romosozumab, seguidos de tratamiento antirresortivo.

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🔹 Un mensaje importante para 2026: la continuidad del tratamiento es fundamental.

El denosumab no debe suspenderse simplemente sin una terapia posterior planificada, ya que puede producirse una pérdida rápida de masa ósea y un efecto rebote con aparición de fracturas vertebrales.

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🌟 EL MENSAJE DE 2026

Los huesos fuertes no dependen únicamente del calcio.

También dependen de los músculos, el equilibrio, la nutrición, las hormonas, los medicamentos, el estilo de vida y la detección precoz del riesgo.

PREVENIR LA CAÍDA → PROTEGER EL HUESO → PREVENIR LA FRACTURA → PRESERVAR LA INDEPENDENCIA. 🦴❤️



viernes, 4 de septiembre de 2026

Eficacia comparativa de las modalidades de ejercicio sobre la HbA1c

 https://waltersport.com/

La diabetes mellitus tipo 2 (DM2) en la edad avanzada representa un problema de salud pública prioritario, estimándose que uno de cada cuatro pacientes diagnosticados tiene 65 años o más. El declive fisiológico propio del envejecimiento —caracterizado por una progresiva disfunción de las células beta del páncreas, aumento de la adiposidad y pérdida de masa muscular (sarcopenia)— agrava de forma severa la desregulación de la glucemia. Además, en los adultos mayores la DM2 coexiste de manera frecuente con múltiples comorbilidades cardiometabólicas, fragilidad, deterioro cognitivo y limitaciones funcionales, lo que exige estrategias de manejo altamente individualizadas. Aunque el ejercicio físico estructurado es una intervención no farmacológica fundamental para combatir la resistencia a la insulina y preservar la masa muscular, la variabilidad en los diseños de entrenamiento limita la comprensión de cuál es la modalidad y la dosis óptima de ejercicio para reducir de forma eficaz la glucohemoglobina (HbA1c) en esta población vulnerable.

 

Metodología de síntesis de evidencia

Para dilucidar estas brechas, los investigadores realizaron una revisión sistemática y un metaanálisis de red bayesiano (NMA) y de dosis-respuesta que incluyó ensayos clínicos aleatorizados (ECA) de al menos 4 semanas de duración en adultos mayores (edad media ≥65 años o de forma individual ≥60 años). La búsqueda sistemática identificó 41 publicaciones que describen 42 ensayos clínicos aleatorizados independientes con un total de 2,652 participantes (46.7% mujeres) con una edad media de entre 61 y 73.3 años y una duración promedio de diagnóstico de diabetes de 10.2 años. Las intervenciones de ejercicio se categorizaron según la frecuencia, intensidad, tiempo y tipo de entrenamiento (FITT) en cinco modalidades principales comparadas frente a un grupo control de intervención mínima o activa (ejercicio simulado):

  • Entrenamiento de intervalos de alta intensidad (HIIT).

  • Ejercicio combinado (CE, que integra aeróbico y fuerza).

  • Ejercicio aeróbico continuo (CAE).

  • Ejercicio de mente y cuerpo (MBE, como Tai Chi, yoga o Pilates).

  • Entrenamiento de fuerza (RT).

Los análisis de red confirmaron que todas las modalidades de ejercicio evaluadas logran reducciones significativas en los niveles de HbA1c en comparación con los grupos control. Sin embargo, la magnitud del beneficio varía sustancialmente según el tipo de actividad. El entrenamiento de intervalos de alta intensidad (HIIT) se asoció con la reducción más pronunciada de la HbA1c (diferencia de medias [MD] = −0.95%; CrI del 95%: −1.45% a −0.49%), seguido del ejercicio combinado [CE] (MD = −0.59%), el ejercicio aeróbico continuo [CAE] (MD = −0.46%), el ejercicio de mente y cuerpo [MBE] (MD = −0.42%) y el entrenamiento de fuerza [RT] (MD = −0.29%). La clasificación de probabilidad de tratamiento acumulativo (SUCRA) ratificó este orden jerárquico de eficacia, posicionando al HIIT a la cabeza (96.9% de probabilidad) y al entrenamiento de fuerza en el extremo opuesto respecto a su capacidad de reducción glucémica aislada.

Patrones de dosis-respuesta específicos para adultos mayores

El metaanálisis de dosis-respuesta demostró la existencia de una relación no lineal entre la dosis de ejercicio físico general (medida en METs-minuto/semana) y el descenso de la HbA1c, revelando que en adultos mayores se logran reducciones glucémicas clínicamente significativas con volúmenes de actividad física menores a los exigidos en poblaciones más jóvenes. Mientras que los adultos jóvenes requieren dosis elevadas de 840 a 1100 METs-min/semana para optimizar la HbA1c, en los adultos mayores de 60 años se observan beneficios significativos en un rango efectivo mucho más bajo que va desde los 241 hasta los 920 METs-min/semana, alcanzando el mayor beneficio acumulado (nadir de la curva) en torno a los 704 METs-min/semanaEn la práctica, esta dosis óptima de 704 METs-min/semana equivale a realizar aproximadamente entre 60 y 230 minutos semanales de ejercicio de intensidad moderada, o de 30 a 115 minutos semanales de ejercicio de intensidad vigorosa, un volumen que se alinea y solapa de forma realista con las pautas de actividad física de la OMS, mejorando la viabilidad y adherencia al tratamiento.

Consideraciones fisiológicas de cada modalidad de entrenamiento

  • HIIT y Ejercicio Combinado (CE): La superioridad del HIIT se asocia con un estímulo pronunciado sobre el consumo de oxígeno (VO2max) y una mejora directa en la sensibilidad a la insulina, si bien los autores advierten que su viabilidad y tolerabilidad clínica a largo plazo en pacientes de edad avanzada o con fragilidad física debe evaluarse con prudencia debido a las mayores exigencias físicas. El ejercicio combinado, por su parte, se consolida como una excelente alternativa al combinar mejoras en la aptitud cardiorrespiratoria y la fuerza muscular simultáneamente.

  • Mente-Cuerpo (MBE) frente a Ejercicio Aeróbico (CAE): El ejercicio de mente y cuerpo (MBE) demostró una eficacia equivalente a la del ejercicio aeróbico continuo (CAE), lo que destaca su relevancia en guías geriátricas debido a sus beneficios documentados en la reducción del estrés crónico, la modulación autonómica, la mejora del equilibrio y la prevención de caídas en pacientes frágiles o con movilidad limitada.

  • Fuerza (RT): Aunque el entrenamiento de fuerza se situó en el último lugar para la reducción de la HbA1c, sigue siendo un pilar insustituible en el manejo global del adulto mayor con DM2 para contrarrestar la pérdida de masa muscular y de fuerza (sarcopenia), debiendo pautarse con una progresión de cargas cuidadosa para evitar lesiones.

 

Factores modificadores de la respuesta glucémica

Los análisis de meta-regresión identificaron que tanto el estado glucémico basal como el índice de masa corporal (IMC) actúan como potentes modificadores del efecto terapéutico del ejercicioLos pacientes con peores niveles iniciales de HbA1c experimentaron descensos significativamente más marcados tras las intervenciones, lo cual refleja que un mayor descontrol glucémico deja más «margen de mejora metabólica» libre de los mecanismos de contrarregulación e hipoglucemia que limitan los descensos adicionales en pacientes controlados. De igual forma, los individuos con un IMC ≥25 kg/m² mostraron mayores reducciones en la HbA1c, lo cual se explica fisiológicamente porque las personas con sobrepeso u obesidad presentan un componente de resistencia a la insulina mucho más acentuado, el cual responde de manera directa y preferente al estímulo agudo y crónico del ejercicio físico.

Conclusión

El ejercicio físico estructurado constituye una terapia altamente efectiva para optimizar el control glucémico en adultos mayores con diabetes tipo 2, demostrando que los mayores descensos en la HbA1c se obtienen con entrenamientos de intervalos de alta intensidad (HIIT) y programas combinados (CE), aunque modalidades más adaptables como el ejercicio aeróbico continuo y las disciplinas de mente-cuerpo (MBE) ofrecen una eficacia intermedia de gran valor terapéutico. El hallazgo de que se consiguen reducciones clínicamente significativas de HbA1c (~0.6%) con volúmenes de ejercicio moderados (241 a 920 METs-min/semana) facilita la prescripción médica de actividad física en esta población, al permitir que las recetas de ejercicio se individualicen no solo bajo el objetivo de la HbA1c, sino priorizando el perfil de seguridad del paciente, sus preferencias personales, su nivel de fragilidad y la necesidad crítica de preservar la fuerza, el equilibrio y la funcionalidad en la vida diaria.


(Guía Salud) No prescribir benzodiacepinas (ni hipnóticos no benzodiacepínicos) como TT crónico en mayores (≥65 años).

https://portal.guiasalud.es/no-hacer/

Para insomnio, ansiedad ni como respuesta a situaciones de malestar emocional leve o transitorio..

No prescribir benzodiacepinas (ni hipnóticos no benzodiacepínicos) como tratamiento crónico en personas mayores (≥65 años) para insomnio, ansiedad ni como respuesta a situaciones de malestar emocional leve o transitorio. En caso necesario, limitar su uso a la menor dosis eficaz y durante un periodo no superior a 2–4 semanas, con plan de retirada progresiva.

Los benzodiazepinas están entre los grupos de fármacos de potencial uso inapropiado en el anciano, ya que se relacionan con riesgo de importantes efectos adversos. En caso de utilizarse, se deben prescribir de manera individualizada y la menor dosis y durante el menor tiempo posible. Las benzodiazepinas y agonistas de receptores de benzodiazepinas (hipnóticos Z) son considerados fármacos de potencial uso inapropiado en el anciano, de acuerdo con los criterios de Beers® y STOPPSTART. Su uso se asocia a riesgo de tolerancia y dependencia, así como a cuadros confusionales, sedación, pérdida de equilibrio y mayor riesgo de caídas y fracturas en el anciano. Se ha descrito mayor riesgo de deterioro cognitivo y aumento de la mortalidad por todas las causas en los pacientes que los consumen. En el abordaje de la ansiedad (leve o moderada) e insomnio en el anciano, se recomiendan como primera línea de tratamiento enfoques no farmacológicos (terapias cognitivo-conductuales en el primer caso y medidas de higiene del sueño en el segundo). En las situaciones en que sea necesaria su prescripción, esta debería limitarse en el tiempo (no superior a 4 semanas), individualizando en función de las características del fármaco empleado y el cuadro clínico. El uso de diazepam debe ser evitado en el anciano por su semivida larga y riesgo inherente de acumulación. Existen dos situaciones en las cuales la calidad de evidencia es alta y la recomendación fuerte a favor de no prescribir en absoluto benzodiazepinas: ancianos con antecedentes de caídas y/o en tratamiento con dos o más medicamentos que actúen sobre el sistema nervioso central. Asimismo, los hipnóticos Z deben evitarse en ancianos con delirio. En el momento de la prescripción se ha de informar de los objetivos del tratamiento y la duración prevista de este, así como sobre los riesgos inherentes a estos fármacos. Es clave mantener una actitud proactiva, con el fin de identificar prescripciones potencialmente inadecuadas y valorar su retirada. La retirada deberá realizarse siempre de forma lenta, uniforme y gradual, en función del grado de dependencia, hasta suprimir la medicación, evitando el síndrome de abstinencia