viernes, 4 de septiembre de 2026

Eficacia comparativa de las modalidades de ejercicio sobre la HbA1c

 https://waltersport.com/

La diabetes mellitus tipo 2 (DM2) en la edad avanzada representa un problema de salud pública prioritario, estimándose que uno de cada cuatro pacientes diagnosticados tiene 65 años o más. El declive fisiológico propio del envejecimiento —caracterizado por una progresiva disfunción de las células beta del páncreas, aumento de la adiposidad y pérdida de masa muscular (sarcopenia)— agrava de forma severa la desregulación de la glucemia. Además, en los adultos mayores la DM2 coexiste de manera frecuente con múltiples comorbilidades cardiometabólicas, fragilidad, deterioro cognitivo y limitaciones funcionales, lo que exige estrategias de manejo altamente individualizadas. Aunque el ejercicio físico estructurado es una intervención no farmacológica fundamental para combatir la resistencia a la insulina y preservar la masa muscular, la variabilidad en los diseños de entrenamiento limita la comprensión de cuál es la modalidad y la dosis óptima de ejercicio para reducir de forma eficaz la glucohemoglobina (HbA1c) en esta población vulnerable.

 

Metodología de síntesis de evidencia

Para dilucidar estas brechas, los investigadores realizaron una revisión sistemática y un metaanálisis de red bayesiano (NMA) y de dosis-respuesta que incluyó ensayos clínicos aleatorizados (ECA) de al menos 4 semanas de duración en adultos mayores (edad media ≥65 años o de forma individual ≥60 años). La búsqueda sistemática identificó 41 publicaciones que describen 42 ensayos clínicos aleatorizados independientes con un total de 2,652 participantes (46.7% mujeres) con una edad media de entre 61 y 73.3 años y una duración promedio de diagnóstico de diabetes de 10.2 años. Las intervenciones de ejercicio se categorizaron según la frecuencia, intensidad, tiempo y tipo de entrenamiento (FITT) en cinco modalidades principales comparadas frente a un grupo control de intervención mínima o activa (ejercicio simulado):

  • Entrenamiento de intervalos de alta intensidad (HIIT).

  • Ejercicio combinado (CE, que integra aeróbico y fuerza).

  • Ejercicio aeróbico continuo (CAE).

  • Ejercicio de mente y cuerpo (MBE, como Tai Chi, yoga o Pilates).

  • Entrenamiento de fuerza (RT).

Los análisis de red confirmaron que todas las modalidades de ejercicio evaluadas logran reducciones significativas en los niveles de HbA1c en comparación con los grupos control. Sin embargo, la magnitud del beneficio varía sustancialmente según el tipo de actividad. El entrenamiento de intervalos de alta intensidad (HIIT) se asoció con la reducción más pronunciada de la HbA1c (diferencia de medias [MD] = −0.95%; CrI del 95%: −1.45% a −0.49%), seguido del ejercicio combinado [CE] (MD = −0.59%), el ejercicio aeróbico continuo [CAE] (MD = −0.46%), el ejercicio de mente y cuerpo [MBE] (MD = −0.42%) y el entrenamiento de fuerza [RT] (MD = −0.29%). La clasificación de probabilidad de tratamiento acumulativo (SUCRA) ratificó este orden jerárquico de eficacia, posicionando al HIIT a la cabeza (96.9% de probabilidad) y al entrenamiento de fuerza en el extremo opuesto respecto a su capacidad de reducción glucémica aislada.

Patrones de dosis-respuesta específicos para adultos mayores

El metaanálisis de dosis-respuesta demostró la existencia de una relación no lineal entre la dosis de ejercicio físico general (medida en METs-minuto/semana) y el descenso de la HbA1c, revelando que en adultos mayores se logran reducciones glucémicas clínicamente significativas con volúmenes de actividad física menores a los exigidos en poblaciones más jóvenes. Mientras que los adultos jóvenes requieren dosis elevadas de 840 a 1100 METs-min/semana para optimizar la HbA1c, en los adultos mayores de 60 años se observan beneficios significativos en un rango efectivo mucho más bajo que va desde los 241 hasta los 920 METs-min/semana, alcanzando el mayor beneficio acumulado (nadir de la curva) en torno a los 704 METs-min/semanaEn la práctica, esta dosis óptima de 704 METs-min/semana equivale a realizar aproximadamente entre 60 y 230 minutos semanales de ejercicio de intensidad moderada, o de 30 a 115 minutos semanales de ejercicio de intensidad vigorosa, un volumen que se alinea y solapa de forma realista con las pautas de actividad física de la OMS, mejorando la viabilidad y adherencia al tratamiento.

Consideraciones fisiológicas de cada modalidad de entrenamiento

  • HIIT y Ejercicio Combinado (CE): La superioridad del HIIT se asocia con un estímulo pronunciado sobre el consumo de oxígeno (VO2max) y una mejora directa en la sensibilidad a la insulina, si bien los autores advierten que su viabilidad y tolerabilidad clínica a largo plazo en pacientes de edad avanzada o con fragilidad física debe evaluarse con prudencia debido a las mayores exigencias físicas. El ejercicio combinado, por su parte, se consolida como una excelente alternativa al combinar mejoras en la aptitud cardiorrespiratoria y la fuerza muscular simultáneamente.

  • Mente-Cuerpo (MBE) frente a Ejercicio Aeróbico (CAE): El ejercicio de mente y cuerpo (MBE) demostró una eficacia equivalente a la del ejercicio aeróbico continuo (CAE), lo que destaca su relevancia en guías geriátricas debido a sus beneficios documentados en la reducción del estrés crónico, la modulación autonómica, la mejora del equilibrio y la prevención de caídas en pacientes frágiles o con movilidad limitada.

  • Fuerza (RT): Aunque el entrenamiento de fuerza se situó en el último lugar para la reducción de la HbA1c, sigue siendo un pilar insustituible en el manejo global del adulto mayor con DM2 para contrarrestar la pérdida de masa muscular y de fuerza (sarcopenia), debiendo pautarse con una progresión de cargas cuidadosa para evitar lesiones.

 

Factores modificadores de la respuesta glucémica

Los análisis de meta-regresión identificaron que tanto el estado glucémico basal como el índice de masa corporal (IMC) actúan como potentes modificadores del efecto terapéutico del ejercicioLos pacientes con peores niveles iniciales de HbA1c experimentaron descensos significativamente más marcados tras las intervenciones, lo cual refleja que un mayor descontrol glucémico deja más «margen de mejora metabólica» libre de los mecanismos de contrarregulación e hipoglucemia que limitan los descensos adicionales en pacientes controlados. De igual forma, los individuos con un IMC ≥25 kg/m² mostraron mayores reducciones en la HbA1c, lo cual se explica fisiológicamente porque las personas con sobrepeso u obesidad presentan un componente de resistencia a la insulina mucho más acentuado, el cual responde de manera directa y preferente al estímulo agudo y crónico del ejercicio físico.

Conclusión

El ejercicio físico estructurado constituye una terapia altamente efectiva para optimizar el control glucémico en adultos mayores con diabetes tipo 2, demostrando que los mayores descensos en la HbA1c se obtienen con entrenamientos de intervalos de alta intensidad (HIIT) y programas combinados (CE), aunque modalidades más adaptables como el ejercicio aeróbico continuo y las disciplinas de mente-cuerpo (MBE) ofrecen una eficacia intermedia de gran valor terapéutico. El hallazgo de que se consiguen reducciones clínicamente significativas de HbA1c (~0.6%) con volúmenes de ejercicio moderados (241 a 920 METs-min/semana) facilita la prescripción médica de actividad física en esta población, al permitir que las recetas de ejercicio se individualicen no solo bajo el objetivo de la HbA1c, sino priorizando el perfil de seguridad del paciente, sus preferencias personales, su nivel de fragilidad y la necesidad crítica de preservar la fuerza, el equilibrio y la funcionalidad en la vida diaria.


(Guía Salud) No prescribir benzodiacepinas (ni hipnóticos no benzodiacepínicos) como TT crónico en mayores (≥65 años).

https://portal.guiasalud.es/no-hacer/

Para insomnio, ansiedad ni como respuesta a situaciones de malestar emocional leve o transitorio..

No prescribir benzodiacepinas (ni hipnóticos no benzodiacepínicos) como tratamiento crónico en personas mayores (≥65 años) para insomnio, ansiedad ni como respuesta a situaciones de malestar emocional leve o transitorio. En caso necesario, limitar su uso a la menor dosis eficaz y durante un periodo no superior a 2–4 semanas, con plan de retirada progresiva.

Los benzodiazepinas están entre los grupos de fármacos de potencial uso inapropiado en el anciano, ya que se relacionan con riesgo de importantes efectos adversos. En caso de utilizarse, se deben prescribir de manera individualizada y la menor dosis y durante el menor tiempo posible. Las benzodiazepinas y agonistas de receptores de benzodiazepinas (hipnóticos Z) son considerados fármacos de potencial uso inapropiado en el anciano, de acuerdo con los criterios de Beers® y STOPPSTART. Su uso se asocia a riesgo de tolerancia y dependencia, así como a cuadros confusionales, sedación, pérdida de equilibrio y mayor riesgo de caídas y fracturas en el anciano. Se ha descrito mayor riesgo de deterioro cognitivo y aumento de la mortalidad por todas las causas en los pacientes que los consumen. En el abordaje de la ansiedad (leve o moderada) e insomnio en el anciano, se recomiendan como primera línea de tratamiento enfoques no farmacológicos (terapias cognitivo-conductuales en el primer caso y medidas de higiene del sueño en el segundo). En las situaciones en que sea necesaria su prescripción, esta debería limitarse en el tiempo (no superior a 4 semanas), individualizando en función de las características del fármaco empleado y el cuadro clínico. El uso de diazepam debe ser evitado en el anciano por su semivida larga y riesgo inherente de acumulación. Existen dos situaciones en las cuales la calidad de evidencia es alta y la recomendación fuerte a favor de no prescribir en absoluto benzodiazepinas: ancianos con antecedentes de caídas y/o en tratamiento con dos o más medicamentos que actúen sobre el sistema nervioso central. Asimismo, los hipnóticos Z deben evitarse en ancianos con delirio. En el momento de la prescripción se ha de informar de los objetivos del tratamiento y la duración prevista de este, así como sobre los riesgos inherentes a estos fármacos. Es clave mantener una actitud proactiva, con el fin de identificar prescripciones potencialmente inadecuadas y valorar su retirada. La retirada deberá realizarse siempre de forma lenta, uniforme y gradual, en función del grado de dependencia, hasta suprimir la medicación, evitando el síndrome de abstinencia

MEDICINA GERIÁTRICA 2026: LA EDAD NO ES LA ENFERMEDAD — ¡PRESERVAR LA FUNCIÓN, LA INDEPENDENCIA Y LA DIGNIDAD. Dr PARVEEN YOGRAJ @dr_yograj.

En 2026, el envejecimiento saludable se define cada vez más no simplemente por vivir más años, sino por vivir más tiempo manteniendo la capacidad funcional, la independencia y la calidad de vida. La OMS describe el envejecimiento saludable en torno al mantenimiento de las capacidades funcionales que permiten el bienestar durante la vejez.


🔹 Pensar más allá de la edad.
Una persona de 70 años no es automáticamente un “paciente frágil”. La valoración debe tener en cuenta la función física, la capacidad cognitiva, el estado de ánimo, la nutrición, la movilidad, las circunstancias sociales, la multimorbilidad y la fragilidad, en lugar de basarse únicamente en la edad cronológica.

🔹 Prevenir la fragilidad y la sarcopenia.
La actividad física regular —especialmente los ejercicios de fuerza, equilibrio y actividad aeróbica— combinada con una ingesta adecuada de proteínas y una buena nutrición es fundamental para mantener la masa muscular, la movilidad y la independencia.

🔹 Las caídas se pueden prevenir.
Es importante revisar los medicamentos, la visión, el calzado, la marcha y el equilibrio, los riesgos presentes en el hogar y la hipotensión ortostática. La prevención de caídas debería formar parte de la atención geriátrica habitual; las actualizaciones de las guías NICE de 2026 refuerzan este enfoque.

🔹 La revisión de la medicación es fundamental.
Las personas mayores son especialmente vulnerables a las reacciones adversas a los medicamentos y a la polifarmacia. Los criterios de Beers de la American Geriatrics Society (AGS) de 2026 proporcionan un marco importante para identificar medicamentos potencialmente inapropiados y considerar alternativas más seguras.

🔹 Tratar las enfermedades, pero evitar el sobretratamiento.
Los objetivos para la diabetes, la hipertensión y otras enfermedades crónicas deben individualizarse teniendo en cuenta el estado de salud, la fragilidad, la expectativa de vida, la función cognitiva y las preferencias del paciente. Los Estándares de Atención de la Diabetes de la ADA de 2026 hacen especial hincapié en la atención individualizada de las personas mayores con diabetes.

🔹 La salud mental también importa.
Se debe evaluar la presencia de deterioro cognitivo, depresión, soledad y aislamiento social. Corregir los problemas de audición y visión puede mejorar considerablemente la comunicación, la seguridad y la independencia.

🔹 La nutrición es medicina.
Prevenir la desnutrición, la deshidratación y la pérdida de peso involuntaria es tan importante como prevenir la obesidad.

🔹 La atención centrada en la persona es la piedra angular.
El enfoque ICOPE de la OMS sitúa las necesidades, los objetivos y las preferencias de la persona mayor en el centro de una atención coordinada.


🌟 EL MENSAJE DE 2026

No preguntes únicamente:

“¿Qué enfermedad tiene esta persona mayor?”

Pregunta también:

“¿Qué es importante para esta persona y cómo podemos ayudarla a mantener su independencia durante el mayor tiempo posible?”

En 2026, el envejecimiento saludable se define cada vez más no simplemente por vivir más años, sino por vivir más tiempo manteniendo la capacidad funcional, la independencia y la calidad de vida. La OMS describe el envejecimiento saludable en torno al mantenimiento de las capacidades funcionales que permiten el bienestar durante la vejez.


🔹 Pensar más allá de la edad.
Una persona de 70 años no es automáticamente un “paciente frágil”. La valoración debe tener en cuenta la función física, la capacidad cognitiva, el estado de ánimo, la nutrición, la movilidad, las circunstancias sociales, la multimorbilidad y la fragilidad, en lugar de basarse únicamente en la edad cronológica.

🔹 Prevenir la fragilidad y la sarcopenia.
La actividad física regular —especialmente los ejercicios de fuerza, equilibrio y actividad aeróbica— combinada con una ingesta adecuada de proteínas y una buena nutrición es fundamental para mantener la masa muscular, la movilidad y la independencia.

🔹 Las caídas se pueden prevenir.
Es importante revisar los medicamentos, la visión, el calzado, la marcha y el equilibrio, los riesgos presentes en el hogar y la hipotensión ortostática. La prevención de caídas debería formar parte de la atención geriátrica habitual; las actualizaciones de las guías NICE de 2026 refuerzan este enfoque.

🔹 La revisión de la medicación es fundamental.
Las personas mayores son especialmente vulnerables a las reacciones adversas a los medicamentos y a la polifarmacia. Los criterios de Beers de la American Geriatrics Society (AGS) de 2026 proporcionan un marco importante para identificar medicamentos potencialmente inapropiados y considerar alternativas más seguras.

🔹 Tratar las enfermedades, pero evitar el sobretratamiento.
Los objetivos para la diabetes, la hipertensión y otras enfermedades crónicas deben individualizarse teniendo en cuenta el estado de salud, la fragilidad, la expectativa de vida, la función cognitiva y las preferencias del paciente. Los Estándares de Atención de la Diabetes de la ADA de 2026 hacen especial hincapié en la atención individualizada de las personas mayores con diabetes.

🔹 La salud mental también importa.
Se debe evaluar la presencia de deterioro cognitivo, depresión, soledad y aislamiento social. Corregir los problemas de audición y visión puede mejorar considerablemente la comunicación, la seguridad y la independencia.

🔹 La nutrición es medicina.
Prevenir la desnutrición, la deshidratación y la pérdida de peso involuntaria es tan importante como prevenir la obesidad.

🔹 La atención centrada en la persona es la piedra angular.
El enfoque ICOPE de la OMS sitúa las necesidades, los objetivos y las preferencias de la persona mayor en el centro de una atención coordinada.


🌟 EL MENSAJE DE 2026

No preguntes únicamente:

“¿Qué enfermedad tiene esta persona mayor?”

Pregunta también:

“¿Qué es importante para esta persona y cómo podemos ayudarla a mantener su independencia durante el mayor tiempo posible?”



GLP-1: perder peso ≠ perder únicamente grasa. Dr.Mukesh , MD , DM @dr_immuno29

Un metaanálisis de 2026 que incluyó 20 ensayos clínicos aleatorizados (ECA) y 15.782 participantes encontró que la masa magra representó:

  • Semaglutida: 35,2 % del peso perdido.
  • Tirzepatida: 25,4 %.
  • Liraglutida: 26,8 % del peso perdido.

Pero masa magra ≠ sarcopenia. La evidencia disponible actualmente rara vez incluye resultados relacionados con la fuerza muscular y la función física.

Otra preocupación es que la disminución del apetito puede reducir la cantidad absoluta de proteínas consumidas. En el caso de la tirzepatida, se informó de un consumo de aproximadamente 27 g menos de proteína en dos comidas, en comparación con el placebo.

En adultos mayores:

🥩 Proteínas: aproximadamente 1,0–1,2 g/kg/día
🏋️ Entrenamiento de fuerza/resistencia
💪 Controlar la fuerza y la función física
📊 Controlar la composición corporal

El objetivo no debería ser simplemente perder peso, sino conseguir una pérdida de peso de calidad, preservando la mayor cantidad posible de masa muscular y función física.
















Cardioteca. Estudio PRECISE-HF: NT-proBNP personalizado y un 29% menos de ecocardiogramas en la insuficiencia cardíaca.

https://www.cardioteca.com/

Pides un NT-proBNP porque una paciente de 84 años con fibrilación auricular llega con disnea y edemas, y el resultado es de 180 pg/mL. Pides otro por el mismo motivo en un hombre de 46 años sin antecedentes, y sale exactamente lo mismo. Con el umbral que manejas hoy, los dos son positivos y los dos van a la lista de espera de ecocardiografía. Y sin embargo sabes perfectamente que esos dos 180 no significan lo mismo.

El estudio PRECISE-HF, publicado en European Heart Journal [1], pone número a esa intuición. Sobre más de medio millón de pacientes atendidos en atención primaria del Reino Unido con sospecha de insuficiencia cardíaca de nueva aparición, sus autores han construido un modelo que no devuelve un sí o un no, sino una probabilidad individual de insuficiencia cardíaca calculada a partir del NT-proBNP y de doce datos clínicos que ya están en la historia. El resultado práctico es concreto: casi un tercio menos de ecocardiogramas, a cambio de tres diagnósticos no detectados más por cada 1.000 pacientes.

Dicho eso, hay tres cosas que un cardiólogo puede llevarse a la consulta de mañana:

  • El número que te devuelve el laboratorio no es interpretable solo. Un NT-proBNP de 180 pg/mL en una mujer de 84 años con fibrilación auricular y filtrado glomerular de 45 significa algo muy distinto que el mismo valor en un hombre de 46 años con función renal normal. La guía ESC 2026 ya lo dice con todas las letras en su recomendación de clase I; el estudio PRECISE-HF pone la cifra detrás de esa frase.
  • El paciente joven con péptidos poco elevados merece más atención de la que le damos. Es el grupo donde peor funcionan las dos estrategias, la vieja y la nueva. Si la sospecha clínica es alta y el NT-proBNP es bajo, la guía te permite pedir el ecocardiograma igual, y con estos datos delante, hacerlo parece más razonable que fiarse del número.
  • Confirmar bien vale tanto como excluir bien. Casi la mitad de los pacientes que el modelo señala como probables tienen insuficiencia cardíaca, frente a un tercio con el criterio actual. En un sistema donde la lista de espera de ecocardiografía es el cuello de botella, ordenar mejor esa lista es una intervención clínica, no administrativa.

Nature. Diagnóstico del síndrome ovárico metabólico poliendocrino.

 https://www.nature.com/

Resumen

A pesar de afectar aproximadamente al 11–13 % de las mujeres en todo el mundo, el síndrome de ovario poliquístico (SOP) sigue siendo una enfermedad considerablemente poco estudiada. El SOP, que posiblemente también tenga implicaciones para la salud masculina, supone una importante carga sanitaria y económica a nivel mundial.

El diagnóstico en adultos se basa en la Guía Internacional Basada en la Evidencia para la Evaluación y el Tratamiento del Síndrome de Ovario Poliquístico, que requiere la presencia de dos de tres criterios: hiperandrogenismo clínico o bioquímico, disfunción ovulatoria y/o determinadas características morfológicas de los ovarios o niveles elevados de hormona antimülleriana. Sin embargo, en el diagnóstico de las adolescentes no se tienen en cuenta la morfología ovárica ni la hormona antimülleriana.

El SOP, caracterizado por resistencia a la insulina e hiperandrogenismo, contribuye de manera importante a la aparición temprana de diabetes mellitus tipo 2 y se asocia con una mayor probabilidad de desarrollar enfermedades cardiovasculares. Entre sus consecuencias relacionadas con la reproducción se encuentran los ciclos menstruales irregulares, la infertilidad por anovulación, un mayor riesgo de complicaciones durante el embarazo y de cáncer de endometrio.

Además de sus manifestaciones fisiológicas, el SOP se asocia con ansiedad, depresión, trastornos de la conducta alimentaria, disfunción psicosexual y una percepción negativa de la imagen corporal. En conjunto, estos factores contribuyen a una disminución de la calidad de vida relacionada con la salud de las pacientes.

A pesar de su elevada prevalencia, que puede persistir hasta la menopausia, el diagnóstico del SOP suele requerir períodos prolongados y múltiples consultas médicas. El tratamiento continúa siendo, en gran medida, individualizado y poco estandarizado debido al conocimiento limitado de los mecanismos subyacentes. Esto pone de manifiesto la necesidad de realizar investigaciones que permitan determinar con mayor precisión la etiología y la fisiopatología del síndrome.

La identificación de los factores que contribuyen al desarrollo del SOP permitirá avanzar hacia enfoques de medicina personalizada. Asimismo, la investigación de nuevos biomarcadores, el perfeccionamiento de los criterios diagnósticos y el desarrollo de nuevas modalidades terapéuticas serán fundamentales para mejorar la precisión y eficacia de las intervenciones, con el objetivo de repercutir positivamente en la vida de las pacientes.


El síndrome de ovario poliquístico (SOP) es una enfermedad bastante frecuente: afecta aproximadamente al 11–13 % de las mujeres en todo el mundo. Sin embargo, todavía se ha investigado menos de lo que sería necesario.

El diagnóstico del SOP en las mujeres adultas se realiza cuando se cumplen al menos dos de tres características principales:

  • Tener niveles elevados de andrógenos (hormonas como la testosterona), que pueden producir síntomas como exceso de vello, acné o caída del cabello.
  • Tener problemas con la ovulación, que pueden manifestarse mediante menstruaciones irregulares o ausencia de menstruación.
  • Presentar determinadas características en los ovarios o niveles elevados de hormona antimülleriana (AMH).

En las adolescentes, el diagnóstico es diferente, ya que no se utilizan las características de la morfología de los ovarios ni los niveles de AMH de la misma manera que en las adultas.

El SOP no afecta únicamente a la menstruación o a la fertilidad. Está relacionado con resistencia a la insulina y niveles elevados de andrógenos, lo que puede aumentar el riesgo de desarrollar diabetes tipo 2 a una edad más temprana y también puede incrementar el riesgo de enfermedades cardiovasculares.

En cuanto a la reproducción, puede provocar ciclos menstruales irregulares, dificultades para quedar embarazada debido a la falta de ovulación y un mayor riesgo de algunas complicaciones durante el embarazo. También se ha relacionado con un aumento del riesgo de cáncer de endometrio.

El SOP también puede afectar al bienestar psicológico y emocional. Las mujeres con SOP pueden presentar con mayor frecuencia ansiedad, depresión, trastornos de la conducta alimentaria, problemas relacionados con la sexualidad y una imagen corporal negativa. Todo esto puede disminuir considerablemente su calidad de vida.

Aunque el SOP puede continuar durante muchos años, incluso hasta la menopausia, muchas mujeres tardan bastante tiempo en recibir un diagnóstico y pueden necesitar varias consultas médicas antes de identificar el problema.

Actualmente, el tratamiento del SOP no es igual para todas las pacientes, porque todavía no se conocen completamente las causas y los mecanismos que producen el síndrome. Por ello, es necesario seguir investigando.

En el futuro, conocer mejor las causas, los factores de riesgo y los biomarcadores del SOP podría permitir desarrollar tratamientos más personalizados. También sería importante mejorar los criterios utilizados para diagnosticarlo y desarrollar nuevas opciones de tratamiento que sean más precisas y eficaces.

En pocas palabras

El SOP es mucho más que tener ovarios poliquísticos o menstruaciones irregulares. Puede afectar a la menstruación, la fertilidad, el metabolismo, el corazón, la salud mental y la calidad de vida. Por eso es importante detectarlo correctamente y ofrecer un tratamiento adaptado a cada persona.



NUEVA GUÍA 2026 PARA PREVENCIÓN DE MIGRAÑA. ¿Cuándo iniciar tratamiento continuo y qué fármacos usar?


1/ ¿CUÁNDO INICIAR PROFILAXIS? Ofrecer tratamiento preventivo si hay: → ≥4 días de migraña/mes → ≥4 días de cefalea moderada-severa/mes → Discapacidad importante El objetivo ya no es esperar a que la migraña sea crónica.

2/ MIGRAÑA EPISÓDICA: OPCIONES CON MEJOR EVIDENCIA Topiramato: iniciar 25 mg/noche y titular; habitual 50–100 mg/día. Propranolol: 40–160 mg/día. Valproato/divalproato: dosis individualizada; uso limitado por perfil de seguridad. Atogepant: 10–60 mg VO cada día.

2/ MIGRAÑA EPISÓDICA: OPCIONES CON MEJOR EVIDENCIA Topiramato: iniciar 25 mg/noche y titular; habitual 50–100 mg/día. Propranolol: 40–160 mg/día. Valproato/divalproato: dosis individualizada; uso limitado por perfil de seguridad. Atogepant: 10–60 mg VO cada día.

4/ MIGRAÑA CRÓNICA: SE AGREGA BOTOX OnabotulinumtoxinaA: 155–195 U IM cada 12 semanas. También pueden utilizarse atogepant, anti-CGRP, topiramato y valproato. Debes elegirlo de forma sabia, ok?