jueves, 29 de octubre de 2026

El Blog de la Guía Terapéutica. Probióticos: lo que creíamos y lo que sabemos hoy.

 https://guiaterapeutica.wordpress.com/

Aunque la definición de probiótico recogida en nuestra publicación de 2017 sigue vigente, los criterios para que un microorganismo pueda denominarse legítimamente «probiótico» se han vuelto más estrictos1,2. Actualmente, este término se reserva para microorganismos vivos que hayan demostrado un beneficio para la salud en estudios controlados en humanos. Por ello, ya no es suficiente identificar el género y la especie, se exige vincular el beneficio a cepas específicas o combinaciones de cepas en una dosis efectiva demostrada. Además, la nomenclatura taxonómica ha ganado precisión, y permite una identificación más rigurosa de las cepas utilizadas en investigación y práctica clínica1,2.

Desde 2017 se ha producido un incremento exponencial de ensayos clínicos en humanos, especialmente en el ámbito gastrointestinal. A pesar de que la prevención de la diarrea asociada a antibióticos (DAA) ya contaba entonces con evidencia sólida, en los últimos años han surgido nuevas indicaciones con distintos grados de respaldo científico1,3,4.

  • Una revisión Cochrane de 2019 confirmó que los probióticos pueden reducir el riesgo de diarrea asociada a antibióticos (DAA) en niños, cuya incidencia disminuyó del 19 % al 8 % en los estudios analizados. Entre los diversos probióticos evaluados, Lactobacillus rhamnosus o Saccharomyces boulardii en 5.000 millones a 40.000 millones de unidades formadoras de colonias (UFC) al día, parecen ser los más apropiados para prevenir la DAA en los infantes que reciben tratamiento antibiótico1,3,4. Por otra parte, una revisión de 2022 sugiere que el uso temprano de probióticos también podría prevenir la DAA en pacientes mayores de 65 años1,5. Se ha propuesto el uso rutinario de probióticos en mayores, para prevenir el desarrollo de DAA cuando reciben tratamiento antibiótico. No obstante, también se afirma que, debido a las diversas definiciones de DAA, los tipos de probióticos y antibióticos, y el tiempo de seguimiento, se necesitan estudios a mayor escala con una definición coincidente de DAA y tiempo de seguimiento para fortalecer la conclusión1,3,5.
  • La microbiota intestinal puede desempeñar un papel importante en la diarrea inducida por radiación al reforzar la función de barrera intestinal, mejorar la inmunidad innata y estimular los mecanismos de reparación intestinal. Un metanálisis de 2013 concluyó que los probióticos pueden ser beneficiosos para prevenir y, potencialmente, tratar la diarrea inducida por radiación1.
  • Respecto al uso de probióticos en el tratamiento de la infección por Helicobacter Pylori, el consenso científico Maastricht VI/Florence (2022) afirmó que, pese a la baja calidad de la evidencia y el grado moderado de recomendación, los probióticos parecen aumentar la tasa de erradicación de H. pylori al reducir los efectos secundarios relacionados con el tratamiento de erradicación, más que a través de efectos directos sobre H. pylori1,3.
  • En población pediátrica, como apuntamos en la guía terapéutica, Lactobacillus reuteri DSM 17938 y Bifidobacterium animalis subsp. lactis BB12 han demostrado reducir el tiempo de llanto en lactantes con cólico, aunque sin eliminar completamente los síntomas3,6.

Para una revisión más detallada de las cepas probióticas y de las situaciones clínicas en las que han demostrado eficacia, se recomienda consultar las tablas 8 y 9 de las directrices globales de la World Gastroenterology Organisation sobre probióticos y prebióticos (2023)1.

Una de las principales novedades respecto a 2017 es la creciente evidencia sobre el papel de los probióticos como coadyuvantes de los antibióticos en salud femenina. Diversas revisiones sistemáticas publicadas entre 2020 y 2025 concluyen que, en la vaginosis bacteriana, la combinación de probióticos y antibióticos potencia la eficacia terapéutica y reduce la tasa de recurrencia en comparación con el uso exclusivo de antibióticos. Entre las cepas estudiadas, Lactobacillus rhamnosus TOM 22.8 mostró resultados especialmente relevantes cuando se administra a una dosis de 10×10⁹ UFC al día durante 10 días. Los resultados muestran mejoría significativa de la puntuación de Nugent, del pH vaginal y de la composición de la microbiota vaginal, además de una reducción de las recurrencias2,3,7.

A pesar de estos avances, persisten importantes áreas de incertidumbre. Por ejemplo, una revisión Cochrane de 2025 afirma que las intervenciones basadas en el microbioma intestinal en adolescentes de 10 a 19 años pueden tener poca o ninguna diferencia en los resultados relacionados con la obesidad9. Los estudios sugieren que las intervenciones moduladoras de la microbiota intestinal pueden mejorar el control glucémico en niños y adolescentes con diabetes tipo 1, particularmente la hemoglobina glicosilada y la glucosa en sangre en ayunas. Sin embargo, la evidencia científica disponible sigue siendo insuficiente para establecer recomendaciones específicas sobre la formulación, la dosis o la duración óptima del tratamiento. Por ello, se necesitan ensayos pediátricos más amplios y bien diseñados8,10,11.

En enfermedad renal crónica, la hipótesis fisiopatológica que relaciona la disbiosis intestinal con la progresión de la enfermedad ha generado un interés creciente. Sin embargo, los estudios disponibles son escasos y metodológicamente heterogéneos, por lo que actualmente no puede establecerse con certeza la superioridad de probióticos, prebióticos (componentes de los alimentos que el cuerpo no digiere, pero que los microrganismos pueden usar)14 o simbióticos (productos que contienen probióticos y prebióticos)14 frente al tratamiento estándar12.

En relación con los trastornos del neurodesarrollo, algunos estudios sugieren que la suplementación con Lactobacillus reuteri podría mejorar aspectos de la interacción social y la comunicación en niños con trastorno del espectro autista. No obstante, la calidad de la evidencia continúa siendo limitada y los resultados deben interpretarse con cautela13.

Es fundamental recordar que los beneficios de los probióticos son cepa-específicos y dosis-dependientes. En la tabla 1 podemos ver un resumen con las indicaciones más relevantes1,2,3,8.

  • La mayoría de las recomendaciones anteriores cuentan con niveles 1–2 según Oxford Centre for Evidence-Based Medicine1.
  • Las guías advierten que la dosificación debe basarse estrictamente en estudios en humanos que hayan demostrado beneficios. Además, las empresas deben garantizar que el número de microrganismos vivos (UFC) se mantenga hasta el final de la vida útil del producto1,3.

Sin embargo, la aplicación de la evidencia de los ensayos clínicos con probióticos está plagada de problemas debido a la heterogeneidad de los diseños de los ensayos, las intervenciones probióticas y las poblaciones estudiadas, así como al reducido número de participantes en cada ensayo clínico.

No usar

El uso de probióticos debe evitarse o restringirse bajo estricta supervisión médica en pacientes inmunocomprometidos, personas en estado crítico y pacientes con la barrera intestinal dañada (como en casos de isquemia, enterocolitis o mucositis), debido al riesgo de translocación bacteriana que puede derivar en sepsis o bacteriemia. Existe una contraindicación específica en casos de pancreatitis aguda grave, donde se ha observado un aumento de la mortalidad e isquemia intestinal. También se desaconseja el uso de Saccharomyces boulardii en pacientes críticos con infecciones por C. difficile por el riesgo de fungemia. Otros grupos de alta vulnerabilidad incluyen a los recién nacidos prematuros, portadores de catéteres venosos centrales, pacientes con cardiopatías y aquellos con síndrome de intestino corto15.

Conclusiones

  • Ya no basta con identificar el género y la especie; para que un microrganismo sea considerado legítimamente un «probiótico», debe haber demostrado un beneficio para la salud en estudios controlados en humanos vinculados a cepas específicas y en una dosis efectiva.
  • Existe evidencia sólida de que cepas específicas son efectivas para prevenir la diarrea asociada a antibióticos (DAA) en niños (especialmente L. rhamnosus o S. boulardii) y posiblemente en mayores de 65 años.
  • También se han mostrado beneficios en la diarrea aguda viral pediátrica, el cólico del lactante y como adyuvante en la erradicación de H. pylori al reducir efectos secundarios.
  • Una de las novedades más relevantes es el papel de los probióticos (como L. rhamnosus) como coadyuvantes de los antibióticos en la vaginosis bacteriana, donde ayudan a potenciar la eficacia terapéutica y reducir las recurrencias.
  • La especificidad es clave: los beneficios de los probióticos son cepa-específicos y dosis-dependientes.
  • A pesar de los avances, la evidencia es insuficiente o de baja calidad en áreas como la obesidad en adolescentes, la diabetes tipo 1, la enfermedad renal crónica y los trastornos del neurodesarrollo.
  1. Directrices mundiales de la Organización Mundial de Gastroenterología. Probióticos y prebióticos. WGO Global Guideline Probióticos y prebióticos. https://www.worldgastroenterology.org/guidelines/probiotics-and-prebiotics/probiotics-and-prebiotics-spanish
  2. Luces y sombras de los probióticos. https://guiaterapeutica.wordpress.com/2017/10/20/luces-y-sombras-de-los-probioticos/
  3. Espín Jaime B. Probióticos: luces y sombras. AEPap (ed.). Curso de Actualización Pediatría 2018. Madrid: Lúa Ediciones 3.0; 2018. p. 191-200.
  4. Guo Q, Goldenberg JZ, Humphrey C, El Dib R, Johnston BC. Probióticos para la prevención de la diarrea asociada a antibióticos en pediatría. Base de Datos Cochrane de Revisiones Sistemáticas 2019, número 4. Art. n.º: CD004827. DOI: 10.1002/14651858.CD004827.pub5. Consultado el 15 de mayo de 2026.
  5. Zhang L, Zeng X, Guo D, Zou Y, Gan H, Huang X. Early use of probiotics might prevent antibiotic-associated diarrhea in elderly (>65 years): a systematic review and meta-analysis. BMC Geriatr. 2022 Jul 6;22(1):562.
  6. Ong TG, Gordon M, Banks SS, Thomas MR, Akobeng AK. Probiotics to prevent infantile colic. Cochrane Database Syst Rev. 2019 Mar 13;3(3):CD012473.
  7. Udjianto U, Sirat NA, Rahardjo B, Zuhriyah L. Effective probiotic regimens for bacterial vaginosis treatment and recurrence prevention: A systematic review. Narra J. 2025 Apr;5(1):e1671. DOI: 10.52225/narra.v5i1.1671. Epub 2025 Mar 10. PMID: 40352249; PMCID: PMC12059960.
  8. Pelayo LN, Penas Steinhardt A, Trinks J, Millán AL, Frechtel G, Perone MJ, Andreone L. Impact of the gut microbiota on the pathogenesis and therapeutics of diabetes mellitus. Rev Soc Argent Diabetes. 2026;60(1):40-50.
  9. Fahim SM, Huey SL, Palma Molina XE, Agarwal N, Ridwan P, Ji N, Kibbee M, Kuriyan R, Finkelstein JL, Mehta S. Gut microbiome-based interventions for the management of obesity in children and adolescents aged up to 19 years. Cochrane Database Syst Rev. 2025 Jul 10;7(7):CD015875. DOI: 10.1002/14651858.CD015875. PMID: 40637175; PMCID: PMC12243456.
  10. Llopis-Alonso I, Correa-Bares M, Mercader-Ros MT, Lucas-Abellán C, García-Muñoz AM, Victoria-Montesinos D. Gut microbiota-modulating interventions in paediatric type 1 diabetes: a systematic review and meta-analysis. Eur J Pediatr. 2026 May 25;185(6):435. DOI: 10.1007/s00431-026-07106-y. PMID: 42184054.
  11. Su Y, Sun M, Huang Q, Xu L, Zhao C, Xu F, Tao N, Yang Y. Effects of probiotic supplementation on glycemic control in children with type 1 diabetes: A systematic review and meta-analysis. J Int Med Res. 2026 Apr;54(4):3000605261443077. DOI: 10.1177/03000605261443077. Epub 2026 Apr 28. PMID: 42050902; PMCID: PMC13145042.
  12. Cooper TE, Khalid R, Chan S, Craig JC, Hawley CM, Howell M, et al. Synbiotics, prebiotics and probiotics for people with chronic kidney disease. Cochrane Database Syst Rev. 2023 Oct 23;10(10):CD013631. DOI: 10.1002/14651858.CD013631.pub2. PMID: 37870148; PMCID: PMC10591284.
  13. Chan MX, Hoh CY, Teh YY, Toh XY, Ismail NAS. Effects of Probiotic Supplementation on Core Symptoms of Autism Spectrum Disorder in Children. Nutrients. 2026 Mar 31;18(7):1127. DOI: 10.3390/nu18071127. PMID: 41978177; PMCID: PMC13074504.
  14. Olveira G, González-Molero I. Actualización de probióticos, prebióticos y simbióticos en nutrición clínica. Endocrinol Nutr. 2016;63:482-94. DOI: 10.1016/j.endonu.2016.07.006.
  15. Rodríguez Pascual E, De la Sen de la Cruz L, Amorós Villaverde S, Perea Fuentes I, Oliva García L, Blanco Olavarri P. Seguridad en el empleo de probióticos. An Microbiota Probióticos Prebióticos. 2024;5(1):143-145.

Ana Isabel Anda Ceniceros. Especialista en Medicina Familiar y Comunitaria. CS. Alberite. La Rioja. Miembro del Comité Editorial de la Guía Terapéutica en Atención Primaria de la semFYC.

No hay comentarios:

Publicar un comentario