La terapia antiagregante sigue siendo uno de los pilares del tratamiento de la enfermedad cardiovascular aterosclerótica, aunque su uso ha cambiado de forma notable en la última década. La declaración científica publicada en J Am Coll Cardiol [1] revisa de manera exhaustiva cómo emplear los antiagregantes a lo largo de todo el espectro de la enfermedad, desde la prevención primaria hasta el paciente con síndrome coronario agudo, la arteriopatía periférica o la enfermedad cerebrovascular.
El hilo conductor es siempre el mismo. Cada decisión nace del equilibrio entre el riesgo isquémico y el riesgo hemorrágico, dos amenazas que con frecuencia conviven en el mismo paciente. Frente al antiguo esquema rígido, hoy se impone una individualización cuidadosa, en la que la potencia y la duración de la antiagregación se ajustan al perfil de cada persona y se reevalúan con el tiempo.
En este artículo:
- El punto de partida
- Ácido acetilsalicílico en prevención primaria, un giro restrictivo
- La elección del inhibidor P2Y12 en el síndrome coronario agudo
- Acortar la doble antiagregación y retirar el ácido acetilsalicílico
- Antiagregación a largo plazo más allá del año
- Poblaciones especiales y situaciones complejas
- Cómo implementarlo en la práctica española

No hay comentarios:
Publicar un comentario