miércoles, 11 de febrero de 2026

Atención Primaria. El Programa Oficial de Medicina Familiar y Comunitaria no ha cambiado para que todo siga igual.

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José Ramón Vázquez Díaz, Miguel García Hernández. Unidad Docente Multiprofesional de Atención Familiar y Comunitaria «La Laguna-Tenerife Norte», Gerencia de Atención Primaria del Área de Salud de Tenerife, Santa Cruz de Tenerife, España

El nuevo Programa Oficial de Medicina Familiar y Comunitaria (MFYC) describe los valores de la especialidad, tanto los específicos como los compartidos con el resto de las especialidades, y se estructura por competencias1. Ambos elementos, valores y competencias, son un claro señalamiento en clave metodológica, y también en cuanto a los requisitos de la estructura docente y de la gestión del proceso formativo.

En cada unidad docente, el despliegue de la función «valores»2 debe guiar el proceso de planificación educativa y servir para que los residentes se adentren por caminos de descubrimiento y experimentación en el lugar de trabajo, que serán tutelados y diseñados para identificar, incorporar y expresar los valores de la especialidad a través de la adquisición del conjunto de competencias profesionales que la definen.

En ese escenario formativo orientado a los valores, los profesionales involucrados en los procesos de enseñanza y aprendizaje tienen la responsabilidad de generar la visibilidad, la significatividad y la operatividad de las experiencias cotidianas de valor, dado que, a través de las ellas, el residente irá construyendo no solo sus capacidades sino también el andamiaje axiológico que guiará su adecuada aplicación y la construcción de su identidad profesional.

Aunque valores y competencias ya estaban presentes en el programa de 20053, el de 2024 los articula con mayor precisión, señalando explícitamente qué competencias clave ayudarán a la mejor expresión de cada uno de los valores de la MFYC1:

  • 1.

    Método clínico centrado en el paciente (MCCP), que incluye atención familiar como elemento clave en el enfoque contextual.

  • 2.

    Gestión clínica poblacional (GCP) y la Atención Primaria Orientada a la Comunidad (APOC).

  • 3.

    Salud comunitaria y promoción de la salud basada en activos.

  • 4.

    Gestión del conocimiento (práctica basada en pruebas, investigación, innovación, docencia y formación).

La atención centrada en la persona (ACP) es frecuentemente invocada desde los diferentes niveles de la estructura sanitaria, políticos, organizativos y clínicos, que expresan, no siempre conscientemente, contenidos y significados propios para cada nivel de responsabilidad, que idealmente deberían ser complementarios y sinérgicos4.

En el nuevo programa de la especialidad, la ACP también cobra un gran protagonismo y, en lo que respecta a su dimensión clínica, conviene señalar que es mucho más que una sensibilidad, un tipo de amabilidad o una habilidad relacional. Para el médico de familia la ACP es el resultado de la aplicación de un método de interacción clínica estructurado, a través del cual el residente, adquiriendo la competencia clínica, llegará a reflejar buena parte de su identidad profesional. Por ello, su enseñanza y aprendizaje deben llevarse a cabo con contenidos reglados y en contextos específicos5. Si eso no se hace así, aprovechando el conocimiento disponible en la actualidad, se corre el riesgo de que la ACP siga siendo un eslogan, una intención o una forma de pensar y no una forma profesional de actuar, cronificando esa brecha ya existente entre los conceptos teóricos que definen la especialidad y sus demostraciones empíricas6.

En el marco de la ACP, el MCCP7,8 emerge como un integrador competencial esencial que la hace posible en su dimensión clínica9 y es, hoy en día, la propuesta metodológica más consolidada para enseñar y aprender a ser centrados en la persona en la práctica clínica y hacer visible en la misma el paradigma biopsicosocial de Georges Engel10.

Por otro lado, con la intención de reducir la distancia existente entre el contenido del programa formativo y su transformación práctica puede resultar de utilidad incorporar el enfoque de las actividades profesionales confiables (APROC)11 y el rigor que aporta el diseño y el uso de las «programaciones docentes o didácticas» como modos de estructurar, en lo concreto, la actividad formativa del residente.

Las APROC son las unidades de práctica profesional que contienen las actividades que los especialistas hacen en su trabajo diario y que solo deben confiarse, en este caso, al residente cuando es suficientemente competente en su realización11,12. Tal y como han sido probadas en múltiples contextos y programas formativos de diversas especialidades13, permiten implementar evaluaciones dirigidas a establecer la confiabilidad y, con ella, las encomiendas de actividades de modo progresivo, a medida que avanza el proceso formativo. De ese modo, el residente irá avanzando en su formación, desplazando la educación basada en tiempos de rotación por otra basada en la adquisición de competencias, logro de confiabilidades y las consecuentes encomiendas14.

El sustrato sobre el que el residente deberá adquirir la mayoría de las competencias es el flujo constante de pacientes que se produce de la práctica clínica del día a día, en cualquiera de los dispositivos indicados en su esquema de rotaciones. En consecuencia, y teniendo en cuenta que la formación y la evaluación ocurren en el lugar de trabajo y están basadas en un aprendizaje por competencias, la aplicación del programa debe confluir en el señalamiento de las actividades profesionales que definen operativamente la profesión12.

En torno a las competencias y las actividades que integran las APROC, y para facilitar su logro, se irán estructurando el resto de los elementos de la guía formativa: itinerarios formativos con sus lugares y tiempos de rotación, contenidos de actividad a realizar, procedimientos de evaluación formativa, contenidos de las entrevistas tutor-residente, feedback, hitos, grados de supervisión y formación complementaria de apoyo que, cuando se ensamblan adecuadamente, constituirán la programación docente o didáctica.

La implantación de las APROC conecta aún más la adquisición competencial con la acción tutorial y ayuda a organizar el proceso de asunción progresiva de responsabilidad y las encomiendas derivadas de la misma, condicionando y reforzando el diseño del plan formativo y su aplicación práctica13,15. Su integración en las programaciones docentes debe considerarse una oportunidad al orientar el plan formativo hacia una adquisición competencial supervisada, más efectiva y segura, y una mejor expresión de los valores de la profesión.

Probablemente se deban modificar prioridades, reconfigurar liderazgos y nutrirse con otros conceptos: valores, competencias, APROC, programaciones didácticas, ACP, MCCP, GCP, etc. No hemos cambiado el programa de la especialidad para que todo siga igual. Hay que iniciar sin temor este nuevo camino, vencer las resistencias al cambio que puedan surgir, evaluar de un modo continuado su puesta en práctica y aprender de todo ello, dado que será la base de innovaciones futuras y, por tanto, de un mayor desarrollo de la especialidad.

Las unidades docentes deberán superar las dificultades que sin duda habrá. Es un momento para una cierta introspección que nos ayude a entender mejor dónde y cómo estamos, desterrando la autocomplacencia y también el negativismo. Estamos en un momento que apela a los exploradores dispuestos a adentrarse en algunos caminos ignotos en la búsqueda de mejores formas de hacer las cosas.

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