El NHS confía en la adecuación de los ingresos ordenados por sus GP. Aquí, ni el propio sistema confía en sus MF. Eso es lo que aprenden los residentes en sus rotaciones por las urgencias: el papel subalterno del MF y la AP respecto del hospital.
Se ha invertido mucho tiempo y dinero en diseñar indicadores de calidad asistencial en el ámbito de la sanidad pública. Si bien es necesario medir para poder mejorar, no siempre los indicadores empleados son adecuados, ni se consideran sus efectos adversos, especialmente si su consecución se liga a incentivos monetarios o de carrera profesional1. En su diseño y elección se consideran elementos tan inmediatos que, en ocasiones, la visión a largo plazo o la de conjunto se pierden y lo obvio se obvia. Se pasan por alto hechos tan frecuentes, evidentes, arraigados y que vienen de tan antiguo que nos parece normal, casi natural, que sean como son. Pero no es así. Estos hechos son auténticos indicadores de calidad asistencial totalmente ignorados, bien porque no se repara en ellos, bien porque situar el foco sobre ellos pondría en cuestión determinados sitios comunes como, por ejemplo, que la Atención Primaria es el eje (y el paciente, el centro) del sistema.
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