Andrea Ticinesi, Antonio Nouvenne, Loris Borghi & Tiziana
Meschi (2015): Water and other
fluids in nephrolithiasis:
state of the art and future challenges, Critical Reviews in Food Science and Nutrition, DOI:
10.1080/10408398.2014.964355
ABSTRACT
Adequate hydration, as to maintain urinary
volume over 2 litres/day, has long been considered as the cornerstone medical
prescription for preventing nephrolithiasis. However, scientific evidence about
what kind of water stone formers should drink and about the effects of other
beverages on urinary stone risk factors is sometimes unclear. Moreover, the
recommendation that water therapy prevents kidney stone recurrence relies on
only one randomized controlled trial, even if more epidemiologic and basic
science studies seem to support this assumption. Therefore, in this review we
analyze current evidence that support water therapy in nephrolithiasis and we highlight
the possible effects of different types of water and other beverages on
lithogenic risk, giving some practical recommendations for what stone formers
should be advised to prevent recurrence.
En esta interesante y completa revisión por un lado trata el
tema de la ingesta de agua y su efecto protector sobre la litiasis renal, analizando
no sólo la cantidad de agua sino también el tipo de agua (con gas o sin gas, de
mineralización débil o con alta mineralización. Posteriormente evalúa otras
bebidas como el café, el té, los distintos tipos de zumo, la leche…
Al final hace unas consideraciones a modo de resumen que voy
a traducir:
"El papel preventivo de una hidratación adecuada para todo
tipo de litiasis renal está bien establecida en casi toda la literatura médica.
La ingesta de agua ha demostrado ser una forma eficaz y económica para prevenir
los cálculos renales, de modo que se considera hoy en día la prescripción
piedra angular para cada paciente con litiasis renal, independientemente de su
tipo y causas. El agua debe ser considerado como un nutracéutico para
formadores de cálculos, a excepción de los casos seleccionados en los que el
exceso de hidratación puede precipitar comorbilidades crónicas concurrentes,
tales como la insuficiencia cardíaca congestiva o insuficiencia renal crónica
avanzada.
Los formadores de cálculos deberían beber una cantidad
suficiente de agua para mantener el volumen urinario diario alrededor de 2
litros por día.
En algunos tipos específicos de nefrolitiasis, tales como la
cistinuria, volumen urinario debe ser más de 3 litros por día. Además, la hidratación debe
variar según el clima y actividad física, de acuerdo con el
nivel de sudoración. Cuestiones motivacionales son fundamentales para hacer que
los pacientes modifiquen sus hábitos de consumo y mantener un comportamiento preventivo
eficaz en el tiempo.
Dada la evidencia científica a veces contradictoria e
incompleta sobre los efectos de las bebidas que no sea agua en cuanto a su litogenicidad,
a los formadores de cálculos debería recomendarse
beber preferiblemente agua.
Sin embargo, algunas personas no pueden tolerar grandes
cantidades de agua sin gas, ya sea por la percepción de mal gusto o porque le
producen molestias gastrointestinales. En tales casos, podrían intercambiar agua sin gas con algunos zumos
de frutas, especialmente aquellos con una alta carga alcalina, tales como jugo
de naranja. La ingesta de refrescos industriales o bebidas deportivas debería
ser esporádico. El efecto protector de vino, cerveza y café en el consumo de
riesgo de cálculos debe ser sopesado contra sus otros potenciales efectos
perjudiciales para la salud. El consumo de leche se debe permitir en cantidades
normales.
Los formadores de
cálculos deben preguntar a sus médicos qué tipo de agua es más
apropiado para
la prevención de litiasis en su caso concreto. En cualquier caso es
importante recordar que la influencia de los diferentes tipos de agua en
litogenicidad
es probablemente insignificante si se compara con la influencia de la
dieta.
Sin embargo, para los pacientes con nefrolitiasis calcio se recomiendan
aguas
de mineralización débil, ya que tienen un bajo contenido en calcio y
puede
mejorar la diuresis, mientras que para los pacientes con nefrolitiasis
de ácido
úrico las aguas con un alta carga de álcali, ya sea mineral o
oligo-mineral, puede
ser preferible por su acción alcalinizante de la orina.
Algunos investigadores
también han afirmado que las aguas con gas deben ser evitados, ya que pueden
reducir la sed por anestesiar las terminaciones nerviosas de la lengua y el
paladar y mediante la inducción malestar gástrico, por lo que en última
instancia conduce a la ingesta total más bajo (Petraccia et al., 2006). Sin
embargo, si el paciente no tolera el agua sin gas o prefiere agua con gas, es
mejor permitírselo, ya que el criterio de valoración principal es aumentar el
volumen urinario, con independencia de la forma en que sea obtenido.
Otras recomendaciones prácticas que se debe dar a los formadores
de cálculos:
-Considere el agua como un
medicamento para la prevención de nuevos cólicos renales
-Beber 2 litros de agua
por día (sin incluir las comidas): 2 vasos al despertar, 2 vasos antes de
dormir y 1 vaso cada hora en el trabajo
-Mantenga una botella de
agua en todos los lugares donde usted pasa su tiempo, sobre todo en el trabajo,
y beber un vaso cada hora.
-Evitar las aguas minerales
que son ricos en cloruro
-Beba su agua fresca, pero
no muy fría
-Coma alimentos con alto
contenido de agua, especialmente frutas y verduras
-Involucre a su familia en
este hábito
-Cambie su marca de agua
al menos una vez al año
-Recoja orina de 24 horas
en su casa una vez al mes para que pueda comprobar los resultados de su terapia
de hidratación
-Evite beber grandes
cantidades de agua en poco tiempo, es mejor dividirla en porciones de agua
durante el día
Es importante destacar que las prescripciones dietéticas y
de ingesta de agua para los pacientes no deben ser estandarizados, más bien
adaptados a cada sujeto individual y sus hábitos previos, clínica y factores de
riesgo metabólicos.
Desde un punto de vista clínico de investigación, cabe
señalar que, a pesar de la gran cantidad de trabajos médicos publicados sobre
este tema, no hay pruebas concluyentes. El valor preventivo de la hidratación
para la recurrencia de cálculos renales ha sido demostrado claramente por sólo
un ensayo controlado aleatorio (Borghi et al., 1996).
Por otra parte, la
evidencia sobre el efecto de determinados tipos de aguas y otras bebidas
en
litogenicidad proviene de estudios realizados en pequeños números de
sujetos, usando controles sobre todo sanos, y en condiciones
artificiales (dieta estrictamente
controlada y la cantidad de bebida
controlada) que son difíciles de encontrar en pacientes normales.
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