martes, 7 de octubre de 2025

JAGS. Redefiniendo la fragilidad: planificación de la atención a través del modelo de trayectoria de fragilidad.

 https://agsjournals.onlinelibrary.wiley.com/

La fragilidad, un estado de reserva fisiológica reducida y mayor vulnerabilidad, es un determinante clave de los resultados de salud en los adultos mayores [1]. Sin embargo, las definiciones y mediciones predominantes tratan la fragilidad como una condición única y uniforme, lo que limita su utilidad clínica al pasar por alto diferencias importantes en las causas fundamentales, la trayectoria y el pronóstico [2]. Los siguientes casos ilustran cómo se manifiestan estas deficiencias en la práctica clínica:
  1. Un hombre casado de 85 años con demencia y apatía en etapa grave, ocasionalmente agitado, recibe bacilo de Calmette-Guérin (BCG) intravesical para cáncer de vejiga no músculo invasivo.
  2. Un hombre casado de 78 años con debilidad después de un accidente cerebrovascular camina de forma independiente con un andador, pero requiere ayuda con los traslados y la mayoría de las actividades básicas. Aunque físicamente limitado, está cognitivamente intacto y disfruta de una buena calidad de vida.

A pesar de sus distintos perfiles médicos y perspectivas futuras, a estos dos pacientes se les podrían asignar puntajes de fragilidad idénticos. Además, a nivel individual, un paciente puede recibir puntuaciones discordantes según el método de evaluación utilizado, como el fenotipo Fried, la escala de fragilidad clínica, el índice de fragilidad o la escala de fragilidad de Edmonton [3-6]. Estas inconsistencias socavan los esfuerzos para construir una narrativa de fragilidad cohesiva que informe los resultados y guíe la atención.



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