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La actividad física regular y el ejercicio estructurado son fundamentales para la prevención y el tratamiento cardiovascular; sin embargo, la prescripción de ejercicio sigue integrándose de forma inconsistente en la atención cardiovascular de rutina. Esta declaración científica del Colegio Americano de Cardiología ofrece una guía práctica y actualizada para que los médicos prescriban ejercicio en todo el espectro de la salud y la enfermedad cardiovascular. La declaración revisa la evidencia que respalda la actividad física, el entrenamiento físico y la aptitud cardiorrespiratoria como determinantes importantes de los resultados cardiovasculares, haciendo hincapié en que los mayores beneficios absolutos se producen cuando las personas inactivas comienzan a moverse y que se obtienen beneficios adicionales con mayores volúmenes e intensidad, dentro de los límites clínicos apropiados. Resume los enfoques para el entrenamiento aeróbico, de resistencia, de equilibrio y de flexibilidad; destaca el papel de la rehabilitación cardíaca y los modelos supervisados, domiciliarios, híbridos y virtuales; y aborda la prescripción de ejercicio individualizada para pacientes con enfermedad de las arterias coronarias, enfermedad arterial periférica, insuficiencia cardíaca, miocardiopatías, hipertensión, sobrepeso y obesidad, cardiopatía congénita del adulto y edad avanzada. La declaración también analiza cuándo es útil la prueba de esfuerzo para evaluar la seguridad, guiar la intensidad, establecer la aptitud física basal y monitorizar las respuestas, reconociendo que las pruebas previas a la participación de rutina no son necesarias para la mayoría de las personas asintomáticas. Se analizan los dispositivos portátiles y las herramientas digitales como complementos para el autocontrol, el establecimiento de objetivos y la extensión de la rehabilitación cardíaca, prestando especial atención a la equidad, el acceso y la alfabetización digital. Las prioridades clave para su implementación incluyen la mejora de la formación del personal clínico, la integración del asesoramiento sobre actividad física en la atención cardiovascular, la adaptación de las prescripciones a los objetivos y la capacidad funcional del paciente, y la ampliación de la investigación sobre la adherencia a largo plazo, los resultados clínicos, las poblaciones diversas y los modelos de prestación de servicios escalables. El ejercicio debe prescribirse como un componente fundamental de la prevención cardiovascular y el manejo de la enfermedad.

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