miércoles, 21 de octubre de 2026

Fármacos KM.0. DOCTORA, ME CADUCA LA RECETA.

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«Doctora, vengo porque me caduca la receta». Una frase que escuchamos casi a diario en nuestras consultas. A veces el paciente viene con cita, pero muy frecuentemente aparece sin ella, asomándose a nuestra puerta “de urgencia”, porque en la farmacia le han dicho que ya no puede retirar su medicación. Y, claro, si lleva años tomando lo mismo, ¿qué problema hay en renovarlo? Total, es solo darle a un botón.

Con la implantación de la receta electrónica parece haberse instalado entre pacientes, algunos profesionales e incluso en las oficinas de farmacia la idea de que renovar la medicación es un trámite administrativo, rápido y casi automático. Un clic y medicación disponible durante otro año. Reconozcamos que, a veces, nosotros mismos contribuimos a reforzar esa percepción. Con la consulta llena, un paciente esperando en la puerta y una lista de veinte medicamentos en la pantalla, pulsar «renovar» puede resultar tentador. Durante la pandemia, además, las renovaciones automáticas facilitaron la continuidad de los tratamientos en una situación excepcional, pero quizá también contribuyeron a que perdiéramos parte de la cultura de la revisión.

Porque darle al botón es sencillo; decidir qué medicamentos deben seguir en la receta es bastante más complicado. Renovar un tratamiento no es un trámite administrativo, sino un acto clínico que puede alcanzar una considerable complejidad en pacientes con multimorbilidad y polimedicación.

En nuestro entorno, la responsabilidad de renovar el tratamiento completo del paciente recae en la médica de familia. Nuestra visión integral y longitudinal nos sitúa en una posición privilegiada para hacerlo. Es cierto que a veces podemos vivirlo como una carga más de trabajo, pero también es una oportunidad para detenernos y reflexionar sobre los tratamientos que estamos manteniendo.

Una reflexión que debería responder a tres preguntas: ¿sigue estando indicado?, ¿es efectivo?, ¿es seguro? Porque los pacientes cambian, sus enfermedades evolucionan y sus necesidades también. Sin embargo, los medicamentos tienen una extraordinaria capacidad para instalarse en la receta electrónica y permanecer allí durante años, incluso cuando la indicación que justificó su prescripción ha desaparecido o el paciente ya ni siquiera los retira de la farmacia. Y qué decir de esos tratamientos «si precisa» que acaban convertidos en crónicos, por si acaso.



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