lunes, 22 de junio de 2026

(Rev Clin Med Fam) Uso racional de fármacos como buena práctica clínica.

AP es el escenario idóneo para iniciar tres procesos complementarios y fundamentales: uso racional de medicamentos, estudio de la polifarmacia y deprescripción.

https://revclinmedfam.com

La historia del medicamento está ligada a la de la humanidad. Desde el uso ancestral de la corteza de sauce para aliviar el dolor hasta la llamada «era milagrosa» de los antibióticos, el ser humano siempre ha buscado alivio en sustancias terapéuticas. El enorme desarrollo farmacológico actual ha facilitado una paradoja: nunca hemos dispuesto de tantos fármacos eficaces y seguros, pero tampoco antes habíamos estado tan expuestos a los riesgos derivados de su uso excesivo o inadecuado.

En los últimos 50 años, la explosión de información y productos farmacéuticos ha transformado enfermedades antes mortales en condiciones crónicas que, junto al envejecimiento poblacional y la presión asistencial, favorecen la prescripción automática, más reactiva que reflexiva. La polifarmacia1,2, junto con la prescripción inapropiada, constituye hoy un problema de salud pública de primera magnitud. Las consecuencias clínicas son evidentes: aumento de reacciones adversas a medicamentos (RAM), interacciones medicamentosas, hospitalizaciones evitables, caídas, deterioro funcional y pérdida de adherencia terapéutica3,4.

Ante este escenario, el uso racional de los medicamentos constituye una exigencia ética, científica y social. La Organización Mundial de la Salud (OMS)5,6 lo definió en 1985 como aquel uso en el que las personas reciben la medicación adecuada a sus necesidades clínicas, en dosis apropiadas, durante el tiempo necesario y al menor coste posible para ellas y la comunidad. En la práctica, esto implica transformar la prescripción en un proceso de razonamiento clínico basado en la evidencia, la individualización y la eficiencia. Prescribir de forma razonada significa integrar el conocimiento farmacológico, el juicio clínico y los valores del paciente.

El concepto de prescripción razonada, promovido por la OMS5,6 y asumido plenamente por la Atención Primaria española, es un pilar fundamental de las buenas prácticas clínicas, donde el 90% de las prescripciones se emiten en este nivel asistencial7, el personal médico de familia ocupa una posición estratégica: posee una visión integral de sus pacientes y, por tanto, la capacidad de coordinar, revisar y decidir. Desde esta centralidad, la Atención Primaria constituye el escenario idóneo para iniciar tres procesos complementarios y fundamentales: el uso racional de medicamentos, el estudio de la polifarmacia y la deprescripción.

La deprescripción8 se ha consolidado como una herramienta clave dentro de la prevención cuaternaria (figura 1); es decir, aquellas intervenciones destinadas a evitar el daño iatrogénico derivado de la sobreutilización de recursos sanitarios. La deprescripción busca optimizar la calidad de vida y, lejos de representar la renuncia a tratar, significa devolver sentido al acto médico, eliminando tratamientos cuyo balance riesgo-beneficio ha dejado de ser favorable o cuya indicación inicial ya no es vigente. Deprescribir es «un proceso sistemático para identificar y retirar aquellos medicamentos cuyos riesgos superan los beneficios dentro de los objetivos terapéuticos del paciente».



No hay comentarios:

Publicar un comentario