Y tiene 75 páginas Te hemos resumido los 10 puntos clave que destacan las guías, con ilustraciones y explicaciones.
Nueva clasificación clínica A-E
Proponen sistema con 5 categorías de riesgo (A a E) en lugar de clasificaciones en grupos amplios como “masivo” o “submasivo”
Categoría A: TEP incidental, asintomático
Categoría B: Sintomático, bajo riesgo (PESI bajo)
Categoría C: Riesgo intermedio (VD + biomarcadores ↑)
Categoría D: IC incipiente
Categoría E: Insuficiencia cardiopulmonar: Shock o hipotensión persistente
3/ La nueva clasificación integra subclasificaciones a partir de datos clínicos, biomarcadores e imagen.
Se añade modificador respiratorio (R) si hay hipoxemia grave o ventilación mecánica.
4/ Manejo ambulatorio en pacientes asintomáticos (Categoría A)
Los pacientes con TEP incidental o subclínico, sin síntomas, pueden ser dados de alta directamente desde urgencias.
Evita ingresos innecesarios sin comprometer seguridad.
Cambio relevante en eficiencia del sistema sanitario.
5/ Alta temprana en bajo riesgo (Categoría B)
Pacientes sintomáticos pero de bajo riesgo pueden irse pronto a casa.
Se apoya en escalas validadas como:
PESI (Pulmonary Embolism Severity Index )
sPESI (simplified PESI)
Hestia
6/ Ingreso obligatorio en riesgo intermedio-alto y alto (Categorías C–E)
Hospitalización recomendada en:
C: biomarcadores elevados (troponina, BNP) o disfunción de VD
D: Insuficiencia cardiaca
E: hipotensión persistente / shock
Aquí el riesgo de descompensación y mortalidad aumenta de forma significativa.
7/ Terapias avanzadas en pacientes seleccionados
En categoría E1 (y considerar en D), son razonables:
Trombólisis sistémica
Trombólisis dirigida por catéter (CDL)
Trombectomía mecánica (MT)
Embolectomía quirúrgica
Objetivo: reducir rápidamente la carga trombótica y prevenir colapso hemodinámico.
8/ Implementación de equipos PERT
Se recomienda establecer equipos multidisciplinares PERT (Pulmonary Embolism Response Team).
Integran cardiología, neumología, cuidados intensivos, radiología intervencionista y cirugía.
Mejora la rapidez en la toma de decisiones y la adecuación del tratamiento en casos complejos.
9/ Preferencia por heparina de bajo peso molecular (HBPM)
En anticoagulación parenteral inicial, la HBPM se prefiere frente a heparina no fraccionada.
Ventajas:
Farmacocinética más estable
Menor recurrencia de tromboembolismo venoso
Menor riesgo de trombocitopenia inducida por heparina
Mayor seguridad y previsibilidad.
10/ ACOD como tratamiento oral de elección
Para tratamiento a largo plazo, se prefieren los anticoagulantes orales directos (ACOD) frente a antagonistas de la vitamina K (AVK).
Misma eficacia en prevención de recurrencias.
Menor riesgo de sangrado mayor, especialmente hemorragia intracraneal.
Cambio consolidado en la práctica clínica moderna.
11/ Anticoagulación extendida en muchos pacientes
En ausencia de factor de riesgo reversible mayor (ej. cirugía reciente) o en presencia de factores persistentes, se recomienda prolongar la anticoagulación más allá de 3–6 meses.
El riesgo de recurrencia tras suspender tratamiento es elevado.
.Decisión individualizada balanceando riesgo trombótico y hemorrágico.
12/ Seguimiento estructurado y cribado de TEP crónico
Seguimiento clínico al menos durante 1 año.
Evaluar disnea, fatiga y limitación funcional en cada visita.
Detectar precozmente enfermedad pulmonar tromboembólica crónica u otras secuelas.
La EP no termina con el alta hospitalaria.
Lo más relevante es la nueva clasificación: tiene lógica y es potencialmente útil, pero añade complejidad a la estratificación.
Esto podría dificultar su implementación en la práctica clínica real
¿Tú qué opinas?





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