Las guías 2026 la reconocen como una enfermedad crónica, metabólica y tratable. Esto lo CAMBIA TODO en el TRATAMIENTO FARMACOLOGICO.
La farmacoterapia ya no es un “último recurso”. Se indica cuando existe: • IMC ≥30 • IMC ≥27 con comorbilidades (DM2, HTA, dislipidemia, SOP) • Fracaso documentado de cambios de estilo de vida • Riesgo cardiometabólico elevado desde etapas tempranas El objetivo ya no es solo bajar de peso. El enfoque actual prioriza: • Reducción de grasa visceral • Disminución de inflamación crónica • Prevención de daño cardiovascular y metabólico Por eso, tratar temprano sí cambia el pronóstico.
FÁRMACOS DE PRIMERA LÍNEA: Agonistas GLP-1 y duales GIP-GLP-1 son hoy la primera línea farmacológica. Semaglutida actúa reduciendo el apetito, aumentando la saciedad y disminuyendo grasa visceral. Tirzepatida combina acción GIP y GLP-1, logrando mayor pérdida de peso y mejor control Ambos con beneficios cardiometabolicos indispensables.
FÁRMACOS DE SEGUNDA LÍNEA: Orlistat → reduce la absorción intestinal de grasas. Naltrexona + bupropión → actúa a nivel central sobre el apetito y el sistema de recompensa, por ende, se utiliza en conductas que asocien con aumento de peso.
La metoformina NO es un anti-obesidad, pero podría ser adyuvante en pacientes con: • Síndrome de ovario poliquístico • Resistencia a la insulina • Obesidad con alteraciones metabólicas iniciales No debe usarse como monoterapia para pérdida de peso.
LO QUE YA NO SE RECOMIENDA: • Retrasar tratamiento hasta que el IMC sea muy alto • Indicar solo dietas restrictivas sin enfoque metabólico • Culpar al paciente por recaídas Es decir, suspender sin estrategia post- farmacológica NO se recomienda.




No hay comentarios:
Publicar un comentario