La tasa de incidencia de una convulsión única no provocada, en adultos, es de 23 a 61 casos/100.000 personas-año. Una convulsión puede afectar sustancialmente las interacciones sociales, el empleo y la elegibilidad para conducir de una persona.
Después de una primera convulsión no provocada, el riesgo general de recurrencia puede ser tan elevado como 60%, y este riesgo es más elevado dentro de los primeros 2 años.
La epilepsia se diagnostica después de 2 convulsiones no provocadas que ocurren separadas por más de 24 horas o después de un solo evento que ocurre en una persona que se considera que tiene un elevado riesgo de recurrencia (>60% de riesgo en un período de 10 años).
Hallazgos anormales en el electroencefalograma (EEG), un estado neurológico anormal y una segunda convulsión aumentan la probabilidad de recurrencia de las convulsiones. Estos tres factores permiten estratificar el riesgo en bajo, medio y alto, y ayuda a orientar las decisiones terapéuticas iniciales, con anticonvulsivantes.
En ocasiones, las convulsiones seriadas o el estado epiléptico se manifiestan como una primera convulsión, y estas condiciones pueden poner en riesgo la vida.
En general, la anamnesis cuidadosa puede distinguir las 3 principales causas de pérdida transitoria del conocimiento:
a) Ataque epiléptico (provocado o no provocado).
b) Síncope (reflejo, ortostático o cardíaco).
c) Convulsión psicógena no epiléptica (imita una convulsión, pero está causada por angustia psicológica y no por actividad eléctrica anormal en el cerebro).
https://www.nejm.org/doi/full/10.1056/NEJMcp2024526
| Factores del estilo de vida |
Los médicos deben tomar decisiones en forma conjunta con sus pacientes y compartir la información, verbalmente y por escrito. La información sobre la elegibilidad para conducir es particularmente importante. La restricción para conducir Varía en cada país y depende de la condición del paciente (si ha tenido una única convulsión con bajo riesgo de recurrencia, o tiene diagnóstico de epilepsia y ha experimentado una sola convulsión, pero con riesgo elevado).
Los consejos de los médicos sobre otras actividades dependen de las características y la frecuencia de las convulsiones. Estos factores deben estar equilibrados con las prioridades individuales. Los médicos deben informar a los pacientes de los riesgos asociados con las convulsiones, que incluyen los desmayos y la muerte súbita.
La probabilidad de recurrencia de las convulsiones y las modificaciones sugeridas en el estilo de vida (por ej., evitar estar solo durante ciertas actividades como cuidar niños o bañarse, para que otra persona pueda ayudar si se produce una convulsión y, la apreciación de los riesgos de las escaleras y las alturas). Se debe alentar a los pacientes a que cumplan con el régimen de medicamentos anticonvulsivos y mantengan un horario regular de sueño, limitando el uso de alcohol.
Existe una considerable cantidad de datos de observación que apoyan una relación entre el riesgo de sueño insuficiente y las convulsiones o la actividad anormal en el EEG. Sin embargo, un ensayo no comprobó relación entre las convulsiones y la privación del sueño, aunque el autor considera que estos resultados pueden no ser aplicable a la epilepsia temprana. De todos modos, la promoción de la higiene del sueño en pacientes con epilepsia sigue siendo prudente.
El consumo de alcohol es un precipitante importante de convulsiones, principalmente debido al riesgo de que ocurran durante la abstinencia de alcohol.
La tendencia del alcohol a interrumpir el sueño puede interferir con la adherencia a los medicamentos anticonvulsivos. Un metaanálisis de estudios de observación mostró una relación dosis-respuesta entre la cantidad de alcohol consumida diariamente (consumo promedio de 4, 6 y 8 bebidas diarias) y la probabilidad de desarrollar epilepsia.
La abstinencia de alcohol probablemente sea innecesaria, pero el consumo debe limitarse a cantidades modestas. Las drogas ilícitas que interrumpen el sueño, especialmente cocaína y anfetamina, deben evitarse, pero faltan datos de alta calidad sobre el uso recreativo del cannabis en personas con epilepsia.
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