En primer lugar, es indispensable leer el editorial reciente del BMJ (traducido más abajo) y que de manera resumida viene a decir que los agonistas GLP-1, desarrollados inicialmente para la diabetes tipo 2, han demostrado también eficacia en obesidad, reduciendo peso y riesgo cardiovascular, lo que ha impulsado su adopción masiva y un gasto que superó los 71.000 millones de dólares solo en 2023. Sin embargo, este éxito comercial genera un riesgo importante: que los intereses de la industria farmacéutica distorsionen las guías de práctica clínica (GPC) que regulan su uso.
La evidencia muestra que los pagos de la industria a médicos se asocian con mayor prescripción y mayor uso de fármacos de marca, y que una proporción elevada de autores de GPC tienen conflictos de interés no declarados o inexactamente declarados.
Para abordar esta situación, los autores proponen cuatro reformas: exigir que los miembros con capacidad de votos de los comités de guías estén libres de conflictos financieros relevantes; garantizar la divulgación completa, pública y verificada de dichos conflictos; limitar la participación de expertos con conflictos a roles técnicos sin capacidad de voto o decisión; e invertir en infraestructura independiente de síntesis de evidencia financiada públicamente, para que el avance terapéutico en estas áreas no supere a las garantías necesarias para que las guías sean fiables.
Se refieren, con toda lógica, al Reino Unido, pero estas advertencias también pueden aplicarse a otros países, como España. Hace poco se publicó un artículo en Gaceta Sanitaria que evaluó cuán fielmente se declaraban los conflictos de interés económicos de los autores de GPC; puso de manifiesto importantes problemas de transparencia. Aunque empleó una definición de GPC demasiado amplia, el estudio mostró que, en conjunto, más de tres cuartas partes de las autorías de las GPC respaldadas por sociedades científicas españolas se asociaron con declaraciones de conflicto de intereses poco fiables, pese a que 564 autores (80%) recibieron transferencias de valor de la industria farmacéutica.
Muchas sociedades científicas, sobre todo las de medicina de familia con potentes grupos de trabajo específicos sobre diabetes, deberían considerar seriamente el problema de los conflictos de intereses. Igualmente, fundaciones y redes relacionadas con la diabetes en atención primaria, al igual que cumplen una misión muy meritoria de divulgación, tienen que tener muy presente la comunicación de conflictos de intereses, así como cumplir principios éticos de la investigación y comunicación científica. Sobre todo para que no se les confunda con grupos de médicos GA (Golfos Apandadores) destinados a monetizar con fondos externos interesados el legítimo deseo de formación del resto de sus colegas.
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