Desde su introducción en la década de 1980, las heparinas de bajo peso molecular (HBPM) han supuesto un avance significativo en el tratamiento y la prevención de enfermedades tromboembólicas. Obtenidas me diante procesos de despolimerización química o enzimática de la heparina no fraccionada (HNF), estas moléculas de menor tamaño molecular presentan una biodisponibilidad superior (alrededor del 90-100%), una farmacocinética más predecible y una menor incidencia de efectos adversos como la trombocitopenia inducida por heparina (TIH). A diferencia de la HNF, no requieren monitorización rutinaria y se pueden admi nistrar por vía subcutánea, lo que permite su uso en entornos ambulatorios y hospitalarios1,2. Las HBPM inhiben la coagulación activando la antitrombina III, que a su vez se une e inhibe el factor Xa. Esta inhibición evita que la protrombina se active a trombina (IIa) bloqueando así el final de la cascada de coagulación2. Fondaparinux es un pentasacárido sintético que actúa como inhibidor selectivo del factor Xa, mediado por la antitrombina III, distinto de las HNF y de las HBPM, aunque comparte con ellas la misma diana (factor Xa)3. En este número del INFAC, y como continuación al INFAC anterior centrado en los anticoagulantes orales de acción directa (ACOD), se revisará la eficacia de las HBPM y fondaparinux en las indicaciones principales, su dosificación y consideraciones de seguridad.
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