El paciente llega a la consulta con sobrepeso, cansado y sin energía. Ha probado dietas. Sabe que debería moverse más. Ya se los has comentado varias veces. Y aun así, año tras año, la analítica empeora, la cintura crece y la masa muscular mengua silenciosa e irreversiblemente. Es tentador hablar de falta de voluntad. Pero la evidencia disponible en la actualidad apunta en otra dirección: el paciente no está fallando. Está atrapado en un entorno diseñado meticulosamente para que fracase, con un sistema de regulación del apetito secuestrado y un músculo que nadie le explicó que era su principal órgano metabólico de defensa.

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