Se sabe que en los pacientes que padecen artritis gotosa aguda recidivante (más de dos episodios al año) o en los que han presentado artritis gotosa junto con nefrolitiasis el objetivo es mantener un nivel de uricemia inferior a 6 mg/dL, y en aquellos con artropatía crónica tofácea o que presentan poliartritis, inferior a 5 mg/dL (grado de recomendación C; recomendación débil; evidencia de baja calidad)1.
Además de algunas medidas del estilo de vida, los niveles de uricemia pueden reducirse farmacológicamente a través de dos mecanismos: la disminución de la síntesis de ácido úrico por inhibición de la xantina oxidasa (alopurinol o febuxostat) o mediante el aumento de su eliminación renal o con uricosúricos (benzbromarona, sulfinpirazona y probenecid).
No obstante, la variación aguda de la concentración del urato sérico a través de alguno de estos mecanismos puede precipitar un brote de gota; en el caso de los fármacos uricosúricos, además, puede aumentar el riesgo de formación de cálculos urinarios. Por esto se recomienda tanto la titulación gradual de los fármacos hipouricemiantes como la introducción previa y concomitante de fármacos antinflamatorios.
En lo referente a esto último, la terapia con colchicina se considera de primera línea. Este fármaco cuenta con muchas acciones que predicen su eficacia, como la modulación de múltiples vías proinflamatorias y antinflamatorias asociadas con la artritis gotosa; si bien los mecanismos exactos subyacentes no se han elucidado completamente. El tratamiento se mantiene entre 3 y 6 meses después de que los niveles de ácido úrico desciendan por debajo del objetivo en pacientes sin tofos, y entre 6 meses y 1 año en pacientes con tofos1,2.
Conclusión e implicaciones prácticas de los resultados obtenidos
Pese a ser una terapia ampliamente utilizada para el tratamiento de la gota intercrítica y la gota tofácea crónica, no existen datos de ensayos clínicos rigurosos que demuestren la eficacia o seguridad de este enfoque profiláctico con la colchicina. Las recomendaciones son «débiles» basadas en estudios observacionales, observaciones clínicas no sistemáticas o ensayos aleatorios con errores metodológicos1,2.
Dada esta falta de evidencias, podría ser lícito no realizar este tratamiento profiláctico. Habrá que individualizar según cada caso, con decisión compartida con el paciente acerca de los riesgos y los beneficios en la decisión de tratamiento o no.

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