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Lo (poco) que sabemos sobre lo que está pasando en atención domiciliaria
La atención domiciliaria, entendida como la atención prestada por profesionales sanitarios en el domicilio del paciente, dentro del ámbito del hogar y con su entorno familiar, tiene un largo recorrido histórico en la atención primaria española y en el ejercicio de la medicina de familia.
La tradicional denominación de «médico de cabecera» hace referencia a la cercanía en la cama del paciente y al contacto estrecho físico y emocional. Ese legado de la medicina general en el que se presta atención en el hogar familiar no debe recordarse tanto con romanticismo sino como con una ejemplaridad a seguir.
Los tiempos han cambiado en el ejercicio de esta función nuclear de la medicina de familia. El deterioro de la atención primaria, la descapitalización y cierta desorientación en los profesionales sanitarios han desembocado en una «nueva modernidad» de la atención a domicilio, integrada en una «nueva modernidad» de la atención primaria y del sistema sanitario en general, en la que lo atrayente para profesionales y gestores son complejas técnicas y aparataje que logran diagnósticos espectaculares y tratamientos innovadores.
No de forma generalizada, pero hay signos y hechos muy preocupantes. Médicos y enfermeras de familia recluidos en sus consultas, refugiados o a veces sencillamente ahogados en una demanda creciente, inagotable y «urgente». La atención domiciliaria, cuando la hay, se relega al final de la jornada, si da tiempo, y en ocasiones fuerza de forma inasumible la jornada laboral más allá del horario estipulado. Equipos de atención primaria (EAP) que dispensan la atención a domicilio («el día de los domicilios»). Dispositivos de urgencias que se hacen cargo de la atención a los domicilios y los atienden según los modos de trabajar de urgencias: resolución del problema que motiva la demanda, sin profundizar en la causa del mismo ni ofrecer seguimiento. Modelos organizativos especializados en los domicilios (PADES, ESAD, unidades de paliativos a domicilio, hospitalización domiciliaria), colonizadores de la atención a domicilio a iniciativa propia, para suplir déficit de atención o, incluso, por efecto llamada de los propios profesionales de los EAP.
Es cierto que los tiempos han cambiado, también y mucho, en el entorno epidemiológico, social y familiar. Los procesos dominantes de cronicidad, fragilidad clínica y pluripatología obligan a priorizar los cuidados sobre el tratamiento médico. Retos demográficos de envejecimiento y dependencia insoslayables. Modificaciones drásticas en la tipología, la estructura y los ciclos vitales familiares. Pérdidas irremediables del modelo de familia que garantiza siempre un hogar con protección, seguridad y cuidados. Desaparición progresiva del rol de mujeres cuidadoras abnegadas y sustitutorias de los servicios sociosanitarios.
Es preciso, por tanto, conciliar de una parte la realidad de una sociedad que exige y necesita un incremento de la atención en domicilio por los cambios en el entorno mencionados y la situación de debilidad, extravío o agotamiento en que se encuentra buena parte de la atención primaria.
Mención aparte merece ese mundo intermedio, entre el domicilio y los centros sanitarios, que constituyen las residencias sociosanitarias. Un espacio que ha ido creciendo progresivamente y que ha sufrido recientemente, como ningún otro, el impacto de la pandemia por el virus SARS-CoV-2.
Las residencias sociosanitarias en España presentan unas especificidades propias. Muestran una gran variabilidad de titularidad y financiación (públicas, concertadas, sin ánimo de lucro, privadas). Carecen de una regulación normativa clara respecto a la responsabilidad de la atención sanitaria (medios propios, zonificación geográfica). Asumen una intensa carga de pacientes con cronicidad y dependencia. Producen una frecuente deslocalización de los internos con relación a sus familias y a su domicilio habitual. Generan inequidades sociales por las dificultades de acceso según la disponibilidad económica. Las personas institucionalizadas presentan características diferentes, en cuanto a autonomía y a polimedicación, a las de las personas inmovilizadas en domicilio, y su atención se hace tan necesaria como compleja.
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