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El posicionamiento terapéutico de las estatinas en pacientes mayores de 75 años difiere en las distintas guías en cuanto a la necesidad en prevención primaria y a la dosis en prevención secundaria. Sin embargo, son uno de los fármacos más prescritos en estos pacientes, y además el número en mayores de 75 años en los que se selecciona una estatina de alta intensidad es creciente. En Castilla-La Mancha, en marzo de 2019 el número de pacientes mayores de 75 años con estatinas de alta intensidad era de 17.388, incrementándose un 14% hasta marzo de 2021. Como con cualquier tratamiento, es necesario plantearse una revisión del mismo a la hora de su renovación, respondiendo a las siguientes preguntas clave ¿era y sigue siendo necesario el tratamiento?, ¿es adecuada la dosis?, ¿es eficaz?, ¿es seguro? Para contestar a estas preguntas debemos conocer las recomendaciones y la evidencia que las apoya sin olvidar implicar al paciente en la toma de decisiones de su medicación.
Conclusiones
En prevención primaria se sugiere un inicio de tratamiento para mayores de 75 años con buena expectativa de vida y con factores de riesgo cardiovascular. Si estos criterios no se cumplen, se puede plantear una retirada del tratamiento, decisión compartida con el paciente tras exponer los beneficios y los riesgos.
Las estatinas están recomendadas en prevención secundaria en pacientes mayores de 75 años.
Las estatinas a dosis moderadas han demostrado reducir los eventos vasculares a mayores de 75 años tanto en prevención primaria como secundaria. La reducción de la mortalidad observada en prevención secundaria no se observa en prevención primaria.
Las estatinas son fármacos seguros, pero sus efectos adversos son dosis dependientes y pueden tener mayor relevancia en el anciano y contribuir aun más a su fragilidad.
En prevención secundaria, las dosis moderadas tienen mejor perfil de seguridad, se toleran mejor y han demostrado reducir los resultados clínicos centrados en el paciente, incluida la mortalidad general. Por el contrario, las dosis altas son peor toleradas y no se han asociado a un beneficio en la mortalidad global en comparación con dosis moderadas, salvo en pacientes con síndrome coronario agudo.
Guiar el tratamiento hipolipemiante sólo por objetivos de c-LDL lleva a un aumento de la dosis de la estatina con un posible aumento de efectos adversos, sin evidencia sólida que apoye esta decisión.
En el inicio y revisión de los tratamientos debe tenerse en cuenta la expectativa de vida y el tiempo necesario de las intervenciones para hacer efecto. Si ese tiempo es mayor que la expectativa de vida, la estrategia terapéutica no está recomendada.
Deterioro cognitivo y funcional importante, pluripatología, fragilidad o expectativa de vida que limita los potenciales beneficios de las estatinas, son factores a favor de la deprescripción.
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