En febrero de 202, el American College of Cardiology dio a conocer un boletín clínico que aborda las implicaciones cardiacas tempranas de la actual epidemia de la infección por el nuevo coronavirus, COVID-19 (enfermedad por coronavirus 2019).[1] La guía está basada en estudios de casos y "proporciona información sobre las potenciales implicaciones cardiacas de pandemias respiratorias virales análogas, y a la vez ofrece orientación clínica temprana dada la actual incertidumbre en torno a COVID-19.
Debido a que "infecciones virales como la influenza pueden desestabilizar y agravar trastornos cardiacos", es probable que COVID-19 también tenga un efecto con gravedad variable en los individuos, en particular por los indicios de que 40% de los pacientes con COVID-19 tiene enfermedades cardiovasculares o cerebrovasculares subyacentes. Estos pacientes tienen alto riesgo de presentar complicaciones, o de morir.
Complicaciones cardiacas agudas de COVID-19
- Las complicaciones cardiacas relacionadas con COVID-19 son arritmias y lesión cardiaca aguda.
- Los trastornos que pueden desencadenar complicaciones cardiacas son insuficiencia cardiaca de inicio agudo, infarto de miocardio, miocarditis y paro cardiaco, así como cualquier enfermedad que plantee mayor demanda cardiometabólica a los pacientes.
- Las complicaciones cardiacas de COVID-19 parecen congruentes con el síndrome respiratorio agudo grave (SARS), el síndrome respiratorio del Medio Oriente (MERS), y análogos de la influenza.
- Los cardiólogos han de prepararse para ayudar a otros especialistas en el tratamiento de complicaciones cardiacas en pacientes con COVID-19 grave.
- Los equipos de atención cardiológica y de cuidados intensivos deben coordinar la atención a los pacientes que requieren apoyo circulatorio extracorporal con oxigenación por membrana extracorporal veno-venosa frente a venosa-arterial.
- Hay que obtener ecocardiografía en caso de insuficiencia cardiaca, arritmia, cambios electrocardiográficos o cardiomegalia.
Guía del American College of Cardiology
- COVID-19 es una epidemia muy dinámica con un perfil clínico incierto; el personal sanitario debe estar preparado para modificaciones de la guía a medida que se cuente con más información.
- COVID-19 se propaga a través de gotitas, y puede vivir por periodos sustanciales fuera del cuerpo; la contención y la prevención mediante las estrategias de salud pública y personales habituales para la prevención de la propagación de enfermedades transmisibles siguen siendo prioritarias.
- Hay que planificar la identificación y el aislamiento rápido de pacientes cardiovasculares con síntomas de COVID-19 de otros pacientes, incluso en el entorno ambulatorio.
- Personas con enfermedades cardiovasculares subyacentes tienen más riesgo de contraer COVID-19, y su pronóstico es peor. Se ha de asesorar a estos pacientes sobre el posible aumento del riesgo, y alentar precauciones razonables adicionales.
- Es importante que los pacientes con enfermedades cardiovasculares estén al día en vacunaciones, incluida la vacuna antineumocócica, dado el aumento de infecciones bacterianas secundarias; también sería prudente administrar la vacuna contra la influenza para prevenir otra fuente de fiebre que al principio podría confundirse con la infección por coronavirus.
- Los adultos de edad avanzada tienen menos probabilidad de presentar fiebre y, por tanto, está justificada la evaluación detallada de otros síntomas, como tos o disnea.
- En regiones con brotes de COVID-19 activos puede ser adecuado sustituir las consultas habituales en persona con consultas por teléfono o de telesalud para pacientes con enfermedades cardiovasculares estables.
- En lo que respecta a los pacientes con enfermedades cardiovasculares en regiones sin COVID-19 generalizada debe continuarse haciendo hincapié en el riesgo de influenza, la importancia de la vacunación y el lavado de manos frecuente, así como en continuar el cumplimiento de todo tratamiento de los trastornos crónicos subyacentes conforme a las guías clínicas.
- Es adecuado el cribado de pacientes con COVID-19 para el tratamiento prioritario de enfermedades cardiovasculares, diabetes, respiratorias, renales, oncológicas, y otras crónicas subyacentes.
- Se advierte a los médicos que los síntomas y presentación característicos de infarto miocárdico agudo pueden ser eclipsados en pacientes con infección por coronavirus, lo que da lugar a infradiagnóstico.
- Algunos expertos han recomendado que el uso riguroso de agentes estabilizadores de placa con base en las guías podría ofrecer protección adicional a los pacientes con enfermedades cardiovasculares durante un brote generalizado (estatinas, beta-bloqueantes, inhibidores de enzima convertidora de angiotensina o ácido acetilsalicílico); sin embargo, estos tratamientos deben ajustarse a cada paciente.
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