Desde que estalló la epidemia por el COVID-19, los acontecimientos se
suceden con tanta rapidez que no nos da tiempo a pensar sobre su
alcance. Es la primera gran epidemia mundial que se sigue en directo y
por streaming: la información llega de tantos frentes y es tan
voluminosa que no podemos asimilarla. Bulos y contrabulos circulan por
las redes sociales y medios de comunicación sin ningún tipo de criba,
minando nuestra credibilidad. Lo que ahora es cierto, en unas horas deja
de serlo. Los comunicados e instrucciones de las autoridades sanitarias
y de los gerentes se suceden con un paroxismo inaudito. Sin quererlo,
nos hemos contagiado por esta epidemia de miedo, incertidumbre y
confusión, y trasladamos esta angustia a nuestros y nuestras pacientes y
compañeros y compañeras de trabajo. No recibimos una noticia buena,
todo nuestro input reafirma un estado mental de alerta continua que enerva nuestros ánimos y reduce nuestra capacidad de respuesta.
https://amf-semfyc.com/web/article_ver.php?id=2623
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