En la última década se
han comercializado diversos anticoagulantes de administración oral,
entre los que se encuentran el inhibidor directo de la trombina
dabigatrán etexilato (Pradaxa®; Boehringer Ingelheim), y los inhibidores directos del factor x activado (FXa) rivaroxabán (Xarelto®; Bayer HealthCare), apixabán (Eliquis®; Bristol-Myers Squibb) y edoxabán (Lixiana®/Savaysa®; Daiichi-Sankyo)1.
Estos (ya no tan nuevos) anticoagulantes orales de acción directa
(ACOD) están autorizados para uso en diversas indicaciones relacionadas
con la profilaxis y el tratamiento del tromboembolismo venoso y la
prevención del ictus y la embolia sistémica en pacientes con fibrilación
auricular no valvular (FANV).
Los
ACOD han mostrado una relación beneficio-riesgo positiva en dichas
indicaciones y una menor tendencia hemorrágica (especialmente en el caso
de hemorragias intracraneales [HIC]) que los antagonistas de la
vitamina K (AVK). Su vida media relativamente corta (entre 11 y 17 h en
pacientes con función renal conservada) puede ser una ventaja en caso de
hemorragia, al disminuir rápidamente su acción anticoagulante entre las
12-24 h tras su administración1.
No obstante, la ausencia de un antídoto específico y de herramientas
para el control biológico del efecto anticoagulante bien estandarizadas y
disponibles en cualquier laboratorio de urgencias ha generado cierta
desconfianza entre prescriptores y pacientes2, 3 and 4.
El
tratamiento de las hemorragias asociadas a los ACOD se basa en la
interrupción de todas las medicaciones antitrombóticas y la instauración
de cuidados de soporte (hemostasia local, transfusión, carbón activado,
diálisis en el caso de dabigatrán, etc.). En ausencia de antídotos
específicos, se han utilizado agentes procoagulantes inespecíficos
(concentrados de complejo protrombínico y factor viia recombinante) en el caso de hemorragia grave, aunque con poca evidencia y riesgo aumentado de trombosis5 and 6.
Diversos
análisis del tratamiento de las hemorragias mayores observadas durante
los estudios pivotales han mostrado un desenlace similar, y en algunos
casos mejor, de las hemorragias asociadas al tratamiento con ACOD en
comparación con las relacionadas con tratamiento con AVK7, 8, 9 and 10.
No obstante, la mortalidad tras una hemorragia grave con ACOD, aun no
siendo superior a la de AVK en poblaciones seleccionadas de ensayos
clínicos, sigue siendo significativa, oscilando entre el 10% para
hemorragias graves no intracraneales9 y el 35-45% en el caso de HIC8 and 9. Por ello, la disponibilidad de un antídoto ha supuesto hasta el momento una necesidad médica no cubierta.
Actualmente,
se están desarrollando diversos antídotos específicos para los ACOD,
con el objetivo de revertir la actividad anticoagulante y restablecer
una adecuada hemostasia en caso de hemorragia grave o necesidad de
realizar procedimientos invasivos de urgencia. Destacan idarucizumab (BI
655075; Boehringer Ingelheim), andexanet alfa (r-Antidote, PRT064445;
Portola Pharmaceuticals) y aripazina (PER977, ciraparantag; Perosphere
Inc.)11.
Sigue leyendo.....http://www.sciencedirect.com/science/article/pii/S0025775315006405
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