BMJ Quality & Safety ha publicado un artículo de Lawton R et al.
en el que se cuestiona el abordaje actual que, en general, las
organizaciones sanitarias están realizando en relación a la seguridad
del paciente. Las autoras destacan los escasos avances y la ineficiencia
de los enfoques actuales orientados a lo que denominan “find and fix”
(encontrar y corregir), es decir a buscar lo que va mal y a prevenir el
daño potencial (p.e. sistemas de notificación de incidentes, auditorías,
análisis de causas, etc). En contraposición proponen un enfoque basado
en la identificación de casos en los que las cosas, a pesar de las
difíciles circunstancias y las limitaciones de tiempo y otros recursos,
van bien.
Esta orientación que resalta los logros obtenido es la llamada “positive
deviance” (desviación positiva). Se puede aplicar tanto a casos
individuales, como a equipos y organizaciones, y se fundamenta en que
las soluciones a los problemas corrientes están en los profesionales y
equipos asistenciales, que tienen los conocimientos y pueden servir de
ejemplo a otros, y no tanto en los gestores. La ventaja de esta
estrategia es que al ser creada y propuesta por los profesionales puede
ser más factible de realizar con los recursos existentes y aceptada por
la comunidad asistencial, facilitando su implantación en otros lugares.
Los pasos que propone la “desviación positiva” son:
Paso 1. Identificar los "desviados positivos", individuos, equipos u
organizaciones que muestran sistemáticamente un rendimiento
excepcionalmente alto en un área de interés.
Paso 2. Estudiar a los "desviados positivos" en profundidad, utilizando
métodos cualitativos para generar hipótesis sobre las prácticas que
permiten a las organizaciones lograr el máximo rendimiento.
Paso 3. Ensayar las hipótesis en amplias muestras representativas de las organizaciones.
Paso 4. Trabajar en colaboración con los principales grupos de interés
para difundir la evidencia de las mejores prácticas, incluidos aquellos
que las puedan adoptar.
El trabajo también muestra experiencias en diversas áreas, como la
mejora de la atención al paciente diabético, la higiene de manos o el
tiempo para el tratamiento del infarto agudo de miocardio, en las que el
enfoque de desviación positiva ha logrado mejorar los resultados de las
organizaciones, incrementar la cohesión de los equipos así como el
orgullo y el prestigio de las personas que los integran.
No obstante, a pesar de las evidencias acumuladas sobre el potencial de
la orientación de la desviación positiva, el aprendizaje de los equipos
que presentan buenos resultados no se ha extendido suficientemente.
Entre los motivos señalados por las autoras destacan la propia
dificultad de identificar a los profesionales, equipos y organizaciones
que han desarrollado programas o estrategias exitosas, y la falta de
indicadores fiables para medir una atención segura y que posibiliten la
comparación entre profesionales y organizaciones. Además las agencias
para la mejora de la seguridad del paciente, en general, se centran
fundamentalmente en los aspectos de notificación, análisis y reducción
del daño y la mayoría de los recursos para la mejora de la seguridad se
asignan a intervenciones basadas en enfoques de desviación negativa.
Otros elementos que también puede limitar la difusión de los
comportamientos ejemplares son las diferencias de poder entre grupos
profesionales y organizaciones, la búsqueda del propio beneficio, si los
profesionales consideran que están en competencia con otros grupos, o
la inseguridad de contrastar su trabajo con unidades eficientes.
La apuesta por el enfoque de desviación positiva requiere un cambio en
la mentalidad prevaleciente, definir un sistema para identificar a las
personas, equipos, centros y organizaciones desviados positivamente y
fomentar un entorno de transparencia que facilite la difusión y
aprendizaje de las mejores prácticas, todo ello con el objetivo de
prestar una atención más segura.
Las autoras concluyen señalando la necesidad de cambiar la estrategia
que enfatiza la propensión de los profesionales sanitarios a cometer
errores e incide en la reducción del daño y reconocer que las cosas van
bien a pesar de la complejidad y dificultad de las situaciones en las
que se presta la atención sanitaria. Los profesionales sanitarios
necesitan un elogio sincero y constructivo y un mensaje positivo para
equilibrar las críticas que reciben.
Aprender de los mejores y compartir las buenas prácticas no son
estrategias nuevas, sin embargo es preciso concederles mayor
protagonismo. Concentrar nuestro esfuerzo en el diseño de indicadores
que facilite la comparación efectiva e identificar y reforzar a los
equipos y organizaciones ejemplares puede conseguir una mayor
implicación de los profesionales en la mejora de la seguridad del
paciente.
Lawton R, Taylor N, Clay-Williams R, Braithwaite J. Positive deviance: a different approach to achieving patient safety. BMJ Qual Saf. 2014 Jul 21. pii: bmjqs-2014-003115. doi: 10.1136/bmjqs-2014-003115. [Epub ahead of print] PubMed PMID: 25049424.
Publicado por José Ángel Maderuelo
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