La desprescripción sigue estando insuficientemente representada en las guías clínicas europeas.
Resumen
Antecedentes: La polifarmacia es cada vez más frecuente entre las personas mayores con enfermedades crónicas; sin embargo, las guías de práctica clínica hacen hincapié principalmente en el inicio de los tratamientos, en lugar de en su retirada. Este desequilibrio contribuye a la prescripción excesiva, la inercia terapéutica y los daños evitables.
Objetivo: Evaluar la prevalencia y la calidad de las recomendaciones para la retirada de tratamientos en las guías europeas sobre enfermedades crónicas publicadas entre 2019 y 2024.
Métodos: Se realizó una revisión sistemática siguiendo los estándares PRISMA 2020 (Preferred Reporting Items for Systematic Reviews and Meta-Analyses), utilizando la base de datos Trip Medical Database. Se incluyeron todas las guías europeas de práctica clínica sobre el manejo de enfermedades crónicas en adultos, excluyendo las relacionadas con oncología, atención aguda, pediatría, obstetricia y cuidados paliativos. Se extrajeron datos sobre la presencia, la justificación y la solidez de las recomendaciones para retirar o evitar tratamientos.
Resultados: De los 3551 registros identificados, 724 guías cumplieron los criterios de inclusión. Solo 49 contenían alguna mención a la retirada de tratamientos, generalmente relacionada con la toxicidad o la falta de eficacia. Una única guía, procedente de la Sociedad Clínica Europea del Sida (European AIDS Clinical Society), proporcionaba algoritmos explícitos y criterios para la deprescripción. Los enfoques personalizados y centrados en el paciente para la deprescripción, así como los marcos estructurados para la toma de decisiones, se describían en muy pocas ocasiones.
Conclusiones: La deprescripción sigue estando infrarrepresentada en las guías clínicas europeas. Es urgente pasar de un modelo centrado en la enfermedad a una atención centrada en el paciente, mediante guías que proporcionen estrategias claras y basadas en la evidencia para retirar los medicamentos que ya no ofrecen beneficios clínicos. Las sociedades científicas deberían liderar el desarrollo de recomendaciones que promuevan una prescripción segura, racional y personalizada, garantizando beneficios reales para los pacientes y minimizando los riesgos. Todo el proceso debe individualizarse y, necesariamente, incluir la toma de decisiones compartida con los pacientes, sus familias y sus cuidadores.
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