Resumen
La enfermedad renal crónica (ERC) afecta aproximadamente al 14 % de los adultos en todo el mundo y constituye, de forma independiente, un factor de riesgo cardiovascular. En esta revisión narrativa se analizan las estrategias terapéuticas para reducir las concentraciones de colesterol en personas con ERC.
Las alteraciones de las concentraciones de colesterol y triglicéridos son frecuentes en la ERC y contribuyen al riesgo cardiovascular más allá de factores de riesgo habituales como la edad avanzada, la hipertensión arterial y la diabetes, aunque el papel del colesterol y los triglicéridos en la progresión de la enfermedad renal sigue siendo incierto.
Los inhibidores de la 3-hidroxi-3-metilglutaril-coenzima A (HMG-CoA) reductasa (estatinas), en monoterapia o combinados con ezetimiba, son los tratamientos más ampliamente estudiados para reducir las concentraciones de colesterol y otros lípidos en pacientes con ERC. Los grandes ensayos clínicos aleatorizados y controlados y los metanálisis han demostrado que las estatinas reducen los acontecimientos cardiovasculares y la mortalidad en personas con ERC, pero no en aquellas que requieren diálisis, a pesar de obtener efectos similares sobre la reducción de las concentraciones de colesterol.
Las estatinas también podrían mejorar la función renal, aunque no han demostrado reducir el riesgo de insuficiencia renal. Las guías clínicas actuales recomiendan el tratamiento con estatinas, con o sin ezetimiba, en la mayoría de los adultos con ERC, individualizando el tratamiento en función de la edad, la función renal y el riesgo cardiovascular.
Sin embargo, las guías sobre el manejo de la ERC no establecen objetivos específicos de colesterol que permitan orientar la intensificación del tratamiento. Los tratamientos más recientes, como los inhibidores de la proproteína convertasa subtilisina/kexina tipo 9 (PCSK9) y los ARN pequeños de interferencia (ARNsi), como inclisirán, han demostrado beneficios cardiovasculares en la población general, pero la evidencia disponible en pacientes con ERC es limitada.
Se necesitan nuevos estudios para determinar el papel de estas terapias y establecer en qué medida pueden contribuir a mejorar los resultados cardiovasculares y renales en las personas con ERC.
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