Los nuevos fármacos para la obesidad y diabetes, como el
semaglutide y el tirzepatide, han iniciado una nueva era en el tratamiento de
estas condiciones y son una verdadera revolución en la medicina. Por primera
vez, contamos con drogas altamente efectivas para el descenso de peso y para el
manejo de la diabetes, que además reducen significativamente el riesgo de
eventos cardiovasculares, con beneficios adicionales a nivel metabólico, renal,
hepático y en la calidad de vida, y además, con un perfil de seguridad
excelente.
Ante esta revolución farmacológica, existe la tentación de pensar que las recomendaciones sobre estilo de vida dejan de ser necesarias… ¿por qué alguien se preocuparía de mejorar su alimentación y de hacer ejercicio, teniendo un fármaco efectivo y seguro para bajar de peso y que además reduce el riesgo de eventos cardiometabólicos?
La epidemia de sobrepeso, obesidad y diabetes se debe sobre todo a los cambios en los entornos alimentarios. Comida rápida, ultraprocesados, y un marketing agresivo y desregulado ha hecho que las personas coman más que nunca, sobre todo alimentos de diseño, creados para ser hiperestimulantes y favorecer el sobreconsumo.
En palabras de Peter Sterling, para resolver esta problemática, debemos favorecer la solución racional: mejorar los entornos, tanto a nivel personal (en nuestras consultas) como en la sociedad (a través de políticas públicas). Lamentablemente, el cambio en el entorno lleva tiempo, muchas veces tiene grandes barreras, y hay poderosos intereses que se oponen… Mientras tanto, las personas sufren y enferman.
Debemos usar las herramientas que tenemos a disposición, sí, pero sin olvidar que la base de la salud de las personas y las comunidades radica en mejorar las condiciones del ambiente. Si pensamos que esto se arregla sólo con fármacos... estamos siendo parte del problema.

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