Las enfermedades cardiovasculares siguen siendo la principal causa de morbilidad y mortalidad en los Estados Unidos. Recientemente, se ha demostrado que la lipoproteína (a) (Lp[a]) es un factor de riesgo importante para la enfermedad cardiovascular con muchas características únicas (Figura 1) (Tabla 1).1,2 En algunas situaciones clínicas, las concentraciones altas pueden ser más aterogénicas que las lipoproteínas de baja densidad (LDL-c).3 La Lp(a) se hereda principalmente, por lo que los cambios en el estilo de vida no disminuyen su nivel circulante. Se ha informado que las estatinas, los medicamentos antiateroscleróticos más populares, aumentan modestamente la concentración de Lp(a).1 Por lo tanto, se han utilizado otros enfoques para reducir las concentraciones de Lp(a), incluida la niacina, los esteroides anabólicos y la aféresis. Desafortunadamente, estos enfoques sufren muchas consecuencias adversas, incluido el alto costo, los efectos secundarios importantes y las molestias para el paciente.4 Como consecuencia, la disminución de la Lp(a) por medios médicos, a pesar de las limitaciones actuales descritas anteriormente, es un desafío para todos los médicos.5 Varios medicamentos nuevos se encuentran en ensayos clínicos, pero ninguno ha recibido la aprobación de la FDA para su uso en pacientes. Incluso cuando se aprueben, su costo probablemente será prohibitivo para muchas personas.

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