Hoy día, la enfermedad renal crónica (ERC) se ha convertido en un problema de salud pública mundial. Datos del Registro de Enfermos Renales de la Sociedad Española de Nefrología (SEN) señalan que España es uno de los países europeos con una alta prevalencia de ERC terminal y que la magnitud del problema, estrechamente relacionado con el envejecimiento de la población y la elevada prevalencia de diabetes e hipertensión arterial, podría aumentar en los próximos años. La presencia de ERC se ha relacionado con un riesgo elevado de insuficiencia renal crónica terminal, enfermedad cardiovascular y muerte. Los resultados del estudio EPIRCE (Epidemiología de la Insuficiencia Renal Crónica en España, 2010) estiman que, aproximadamente, el 10% de la población adulta española sufre algún grado de ERC. La prevalencia global de esta enfermedad en los estadios 3-5 es del 6,8%, con diferencias importantes según la edad (3,3% entre 40-64 años y 21,4% en mayores de 64 años). En pacientes con hipertensión arterial (HTA) o diabetes mellitus, la prevalencia de ERC puede alcanzar cifras del 35-40%. Además, los pacientes con ERC, sobre todo en los primeros estadios, están frecuentemente sin diagnosticar (ERC oculta) porque esta enfermedad acostumbra a ser asintomática y muchas veces se detecta sólo durante la valoración de otra condición comórbida. El deterioro de la función renal puede afectar a la seguridad y la eficacia de los medicamentos y a menudo es una de las causas de hospitalizaciones atribuibles a medicamentos. El deterioro es progresivo con la edad y, por eso, a la hora de prescribir fármacosse recomienda que se considere a toda persona de edad avanzada como paciente con posible ERC leve-moderada. El ajuste de la dosis en insuficiencia renal (IR) es fundamental para garantizar la eficacia y/o evitar la toxicidad de medicamentos con un margen terapéutico estrecho y de los de eliminación renal. No obstante, las fuentes de información disponibles no ayudan mucho en la toma de decisiones clínicas. A veces, en las fichas técnicas de los medicamentos se encuentran recomendaciones poco concretas como «Utilizar con precaución en insuficiencia renal». Hay diferentes causas que exponen a las personas a los efectos indeseables de los medicamentos ─por ejemplo, efectos farmacológicos exagerados, toxicidad directa, reacciones inmunológicas, metabolitos activos, uso incorrecto de los medicamentos (en situaciones no indicadas, errores en la pauta posológica, no respetar la dosis máxima diaria, etc.). Todas estas situaciones pueden tener consecuencias o dar resultados negativos asociados al uso de la medicación (RNM) y, por lo tanto, afectar a la salud. La polimedicación representa un riesgo de RNM y, si añadimos los cambios fisiológicos asociados al envejecimiento que pueden afectar la farmacocinética y la farmacodinámica de los medicamentos, se puede afirmar que las personas mayores son un grupo de población especialmente expuesto a sufrir problemas relacionados con los medicamentos (PRM). La insuficiencia renal crónica (IRC) se caracteriza por una pérdida gradual y progresiva de la tasa de filtrado glomerular (FG) a lo largo de un tiempo variable, cosa que impide una correcta función depurativa y excretora de residuos. Por este motivo, los pacientes con insuficiencia renal presentan cambios en la farmacocinética y farmacodinámica de los medicamentos, hecho que provoca una modificación de la intensidad y la duración del efecto terapéutico y un aumento de los efectos adversos. Por lo tanto, a la hora de utilizar medicamentos en este tipo de pacientes se tienen que tener en cuenta estos cambios farmacocinéticos e individualizar la posología para evitar su acumulación, la aparición de nefrotoxicidad o reacciones adversas y evitar posibles errores de medicación. Actualmente, los profesionales sanitarios disponen de diferentes herramientas (guías farmacoterapéuticas, fichas técnicas, revisiones bibliográficas, etc.) para poder llevar a cabo un programa de recomendaciones sobre la pauta posológica más adecuada en pacientes con insuficiencia renal. La aceptación de estas recomendaciones puede suponer una mejoría en la evolución clínica de pacientes hospitalizados, favoreciendo la eficacia y la seguridad, y previniendo posibles errores de medicación.
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