miércoles, 6 de julio de 2022

Guía ABE. Endocarditis infecciosa (profilaxis).

https://www.guia-abe.es/temas-clinicos-endocarditis-infecciosa-profilaxis

La endocarditis infecciosa (EI) es una infección que afecta al endocardio, principalmente en las válvulas cardíacas y en lesiones preexistentes de cardiopatía reumática o congénita. En los últimos años ha habido un desplazamiento de su presentación hacia pacientes con cardiopatía congénita frente a reumática debido a la baja incidencia de esta última. Aun así, hasta un 10% de las EI pediátricas se dan en pacientes sin cardiopatía estructural. A pesar del uso adecuado e intensivo de antimicrobianos, es una entidad con alta morbimortalidad dependiente de la precocidad del correcto diagnóstico. Tiene una incidencia creciente debido a la mayor supervivencia de los pacientes con cardiopatías complejas y al uso creciente de técnicas invasivas en su tratamiento.

Los agentes etiológicos más frecuentes son bacterias gram positivas (en especial Streptococcus viridans, Staphylococcus sp . y Enterococcus) ; el Staphylococcus sp . es más frecuente en pacientes sin cardiopatía de base. Otras bacterias aisladas son las pertenecientes al denominado grupo HACEK (Haemophilus parainfluenzae, H. aphrophilus (Aggregatibacter aphropilus y A. paraphrophilus), Actinobacillus actinomycetemcomitans, Cardiobacterium hominis, Eikenella sp. y Kingella kingae). Los hongos (Cándida) son una causa poco frecuente de EI, generalmente en pacientes portadores de catéteres en vías centrales. La inmunosupresión per se no es un factor de riesgo de EI.

El diagnóstico se basa en tres pilares: un alto grado de sospecha clínica en pacientes con riesgo, el uso extensivo de pruebas complementarias microbiológicas y los hallazgos ecocardiográficos. Los criterios diagnósticos de Duke y Duke modificados son los que se emplean para el diagnóstico.

La profilaxis de la EI pretende evitar el desarrollo de la enfermedad en los pacientes con riesgo cuando son sometidos a procedimientos causantes de bacteriemia. Es una intervención fundamentada sobre escasas pruebas (consenso de expertos -nivel de evidencia C-). Este hecho, unido al aumento de resistencias a los antibióticos, llevó a la American Heart Association (AHA) a revisar en 2007 sus recomendaciones anteriores de 1997, limitando la indicación de profilaxis a las intervenciones con altas tasas de bacteriemia y sólo en los pacientes con cardiopatías de mayor riesgo. En estas guías de 2007 se insiste en los cuidados de la salud bucodental para disminuir las bacteriemias espontáneas ya que la EI es causada con más frecuencia por una bacteriemia asociada a actividades cotidianas (cepillado dental, masticación, uso de seda dental) más que por la bacteriemia asociada a procedimientos dentales, y solo un pequeño número de casos de EI podría ser evitado por la profilaxis incluso si su efectividad fuera del 100%. Estos hechos apoyan una mayor limitación de la indicación de profilaxis antibiótica. Además, tras la restricción de la indicación no se ha objetivado aumento en la incidencia de EI si bien no se ha realizado todavía ningún ensayo clínico aleatorizado y controlado, con potencia suficiente para aportar evidencia sobre la utilidad y el papel de la profilaxis antibiótica en este contexto. 

En este texto se recogen las últimas recomendaciones de la Sociedad Europea de Cardiología, las últimas recomendaciones de la AHA en relación a la profilaxis de endocarditis por estreptococo viridans, así como las guías de práctica clínica de la Asociación Española de Pediatría junto con la Sociedad Española de Cardiología Pediátrica.

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