lunes, 17 de enero de 2022

SEFAP. Supervitaminarse o mineralizarse… Esa es la cuestión.

https://www.sefap.org/2021/01/19/supervitaminarse-o-mineralizarse-esa-es-la-cuestion/

Aún queda en la retina y en el recuerdo de muchos, aquel super ratón, que en sus despedidas  aconsejaba infatigablemente la tarea de supervitaminarse y mineralizarse,  tarea ésta que parece haberse vuelto paradójicamente un “hábito” obsesivo-compulsivo en las sociedades de los países ricos, donde la desnutrición concretamente no se encuentra entre sus problemas de salud.

¿Por qué hablamos de vitaminas y minerales?

Hace unos meses la prestigiosa revista Australian Prescriber publicó un interesante artículo donde abordaba este “hábito” supervitaminizador y mineralizador. En él, reflejaban el impactante consumo de complementos alimenticios (vitaminas y minerales) en su población (63% de la misma los usa regularmente), subrayando además de forma importante, los problemas de seguridad que esto conlleva. “Hábito” éste, por cierto, del cual tampoco nos libramos en España. Así se recoge en un informe de la OCU sobre suplementos dietéticos y alimenticios publicado en octubre del 2021, donde refiere que el 42% de la población indicaba que había tomado complementos en los últimos 12 meses y como era de esperar, la pandemia de la COVID influyó también de forma determinante: un 37% de los encuestados afirmaba haber incrementado la ingesta de suplementos desde la crisis del coronavirus.

… Los suplementos o complementos alimenticios …

El término denominado suplemento o complemento alimenticio engloba un número variado de productos cuya función es contribuir a mantener una ingesta adecuada de ciertos nutrientes y corregir los déficits nutricionales que puedan producirse en determinadas situaciones. Engloba vitaminas, minerales, aminoácidos, extractos de plantas, ácidos grasos esenciales y enzimas.

No obstante, si sólo deberían usarse en determinadas situaciones, ¿por qué este fervor consumista de complementos?

Juan Revenga explica esta situación, en parte, de la mano del concepto llamado “nutricionismo”. Revenga lo define como una corriente que hace descansar en los nutrientes aislados las virtudes que tienen los alimentos en su conjunto, produciendo, o bien una selección tergiversada de los alimentos que van a formar parte de nuestro carro de la compra, centrándonos en toda una gama de alimentos enriquecidos, “con” o productos “sin” o con contenido reducido “en”… que en definitiva nos alejan de una alimentación saludable basada en comida real, lejos de alimentos procesados y ultraprocesados, o bien, un consumo colosal de suplementos o complementos nutricionales que no harían ninguna falta si se siguiese un patrón de alimentación equilibrado. En ambos casos, con consecuencias no deseables ni en nuestra salud ni en nuestra economía. Este nutricionismo sería la base ideológica de la venta de todo tipo de suplementos: calcio para los huesos, omegas para el corazón, vitamina C para los resfriados etc… lo cual conforman un suculento mercado y generan una corriente de opinión.

… La falta de información y los posibles riesgos …

Esta corriente de opinión hace que la población no tenga información suficiente ni adecuada sobre estos complementos y así se recoge tanto en el artículo del Australian Prescriber, como en el informe de la OCU. En éste último por ejemplo, a través de una encuesta comprobó que una buena parte de los ciudadanos tenía ideas equivocadas sobre estos productos en relación a sus posibles riesgos y, en algunos casos, contraindicaciones. De hecho, según los datos publicados por la OCU, éstos sugieren que la población tiende a considerarlos como inocuos, útiles para cualquiera y dotados de valiosas propiedades, a pesar de que sabemos que esto no es así. De hecho, existe un amplio abanico de potenciales daños producidos por estos complementos, que van desde signos de hipervitaminosis (especialmente con las vitaminas liposolubles: A, D y E), lesiones en la piel, riñón o hígado, neuropatías sensoriales periféricas etc., hasta problemas de interacciones, bien con medicamentos a nivel farmacodinámico o farmacocinético, o bien por el posible enmascaramiento de síntomas de enfermedades, pasando por retrasos en el uso de terapias más efectivas, falsa sensación de esperanza, aumento de la carga medicamentosa que pueda tener un paciente, alto coste económico e incluso fraude.

Debido pues a este amplio rango de efectos adversos (sin hacer mención de los escasos beneficios que estos productos podrían aportar) igual sería conveniente tomar consciencia de algunos puntos clave como:

·         Estos productos no deben ser consumidos por personas sin problemas de salud concretos.

·         Los profesionales sanitarios, y aquí el FAP jugaría un papel crucial, deberían ayudar a construir una decisión informada sobre el uso de estos complementos nutricionales informando adecuadamente sobre el balance entre los riesgos, beneficios, inconvenientes y costes, además de incluir en su historia clínica el consumo de estos productos si los hubiera, y reportar sospechas de posibles efectos adversos si se detectaran.

Por último, emulando a súper-ratón, nos despedimos recordando que no olviden super-engancharse a una buena dieta alimentaria, y entre ella tampoco olviden que la mediterránea se llevaría la palma, tal y  como quedó demostrado en el estudio PREDIMED

Entrada elaborada por Olga Ortiz Rodríguez. Farmacéutica del Área de Salud Llerena-Zafra. La publicación de esta entrada se ha realizado con carácter personal y no tiene porqué representar la posición de la organización en la que desarrollan su actividad profesional

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