martes, 18 de marzo de 2014

( Blog cada palo que aguante su vela) NBMT o Nuevos principios activos de nula o baja mejora terapéutica

NBMT
Cuando Manuel acudió a la consulta de su médico de familia  para que le realizara la receta de Vimovo, fármaco pautado por el servicio de traumatología a causa de una coxartrosis muy dolorosa en un varón de 69 años pendiente de intervención quirúrgica, recordé que era un producto etiquetado como NBMT (Nuevos principios activos de nula o baja mejora terapéutica). Estos medicamentos son de reciente comercialización, sin suponer un avance terapéutico frente a los ya existentes o en su defecto no presentan información suficiente para ser valorados.
Como ya se sabe el mercado farmacéutico incorpora anualmente nuevos medicamentos que en la mayoría de los casos, no aportan ninguna ventaja respecto a los ya disponibles. El registro de un nuevo medicamento por parte de las agencias reguladoras (española o europea) implica un proceso de evaluación en el que se establece su calidad, eficacia y seguridad a corto plazo fundamentalmente. Sin embargo, esto no implica que el nuevo fármaco aporte una mejora terapéutica, ni que el fármaco sea coste/efectivo o que su perfil de seguridad a largo plazo esté garantizado.
La moderación en la prescripción de los nuevos medicamentos que no aportan mejora terapéutica evita exponer a la población a riesgos innecesarios, y mejora la eficiencia.
En ese momento ese médico de familia seguro que recordó las palabras de Josep Casajuana:  “Hacernos responsables únicamente de nuestras prescripciones podría, en algunos casos, mejorar nuestros indicadores de farmacia, pero establecer la discusión a ese nivel produciría perversiones al situar el objetivo principal en el profesional y no en el paciente. De este modo, el ciudadano se vería atrapado en una trampa en la que se le sustrae su papel como «eje del sistema» para resolver un supuesto conflicto entre profesionales sanitarios. El médico de familia no tiene ninguna obligación de prescribir lo que indica el médico del hospital, dispone (no siempre, pero sí con frecuencia) de la longitudinalidad de cuidados con la que se ha ganado la confianza del paciente, y puede tranquilamente, y debe hacerlo, ajustar, cambiar o retirar cualquier prescripción que considere poco adecuada. Ciertamente, esto puede vivirse como un enfrentamiento que habría que intentar evitar. Por ello, la corriente de opinión más prevalente, incluso auspiciada por las sociedades científicas, es que cada médico se haga responsable de su prescripción. Esto nos puede llevar a tener a médicos de familia con un perfil prescriptor perfecto (sólo paracetamol) mientras sus pacientes están toxi-poli-medicados. No parece el resultado más deseable. En prescripción, el médico del hospital propone y el MF dispone. Ése debería ser el objetivo”.
Ante ese dilema el médico de familia opto por una prescripción prudente, informando de los efectos del uso crónico de los AINEs, dando la opción de usar un AINE como ibuprofeno con la gastroprotección que aporta el omeprazol en un varón de 69 años.

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