“ Reports that say that something hasn't happened are always
interesting to me, because as we know, there are known knowns; there are
things we know that we know. There are known unknowns; that is to say,
there are things that we now know we don't know. But there are also
unknown unknowns – there are things we do not know we don't know".
Donald Runsfeld
En su imprescindible The Patient Paradox, del que ya informamos en su momento, Margaret McCartney
señalaba que uno de cada tres adultos británico de más de 45 años
tomaba algún tipo de estatinas, es decir cerca de 7 millones de
habitantes solo en el Reino Unido. John Ionnidis, del Department of Medicine and Health Research and Policy de Stanford, publicaba
recientemente en JAMA la estimación del número de personas que deberían
tomar estatinas en Estados Unidos en el caso de aplicarse las
recomendaciones de la última guía de práctica clínica desarrollada por
the American College of Cardiology y The American Heart Association:
nada menos que cerca de la mitad de población americana entre 40 y 79
años, es decir 46 millones de un total de 101 millones de americanos,
cifra que incluye tanto los que tienen un riesgo vascular a los 10 años
> 7.5% (en los que las estatinas están altamente recomendadas) ,
como los que presentan un riesgo entre 5 y 7.4% ( entre los que las
estatinas deberían ser consideradas). Ionnidis extrapola estas cifras a
la población mundial , obteniendo la exorbitante cifra de 920 millones
de personas , cifra que sin embargo considera insuficiente para cumplir
las recomendaciones de la ACC/AHA, dado el crecimiento de la población y
su creciente envejecimiento. En definitiva, cerca de un 1.000 millones de personas ( un billón anglosajón ) , sanas, sin evento vascular previo, debería tomar estatinas.
Lógicamente si se decide estatinizar el mundo, España no debería quedar
fuera bajo ningún concepto. Un país que es aliado natural de los Estados
Unidos no debe quedar fuera de sus recomendaciones, aunque aquí
tengamos una genética especial y aceite de oliva en los bares.
¿ Quien se beneficia de ello? Que sean los pacientes está aún por
demostrar. Lo que es indudable es el enorme beneficio que obtendrá la
industria farmacéutica ( y posiblemente los médicos que trabajan para
ella). Ionnidis estima que de aplicarse la guía americana las ventas de estatinas podrían acercarse al trillón anglosajón ( billón español) de dólares hasta el año 2020.
Podría considerarse que es una nueva exageración de los molestos
opositores al progreso científico. Sin embargo, el periódico El País,
gran defensor del liberalismo económico, informaba en sus páginas de
Economía, bajo el título de¿Hay vida después del Lipitor?
de la preocupación de Pfizer por ver descender sus astronómicos
beneficios ( más de 120.000 millones de dólares en el periodo 1996-2011)
en el momento en que expirara la patente hasta el punto que , según el
Pais, “Pfizer lanzó un programa de incentivos para venderlo
directamente a los pacientes. Pero se teme que no sea suficiente para
compensar la caída de precio”.
Los riesgos de esta estatinización masiva poblacional no parecen importar demasiado. Sin embargo Sattar et al ya publicaron en Lancet
el hecho preocupante ( solo para algunos) de que por cada 255 pacientes
tratados con estatinas durante 4 años se produciría un caso de
diabetes, lo que significaría la aparición de 27450 nuevos casos de
diabetes, si nos atenemos a la cifra de 7 millones de británicos que la
consumen . Casos todo hay que decirlo, susceptibles de ser tratados con
fármacos en esa cascada exponencial de riesgos (para los pacientes) y
beneficios ( para los laboratorios y sus médicos a sueldo).
Aunque Donald Runsfeld ganó el prestigioso premio a la parida del año ( Foot in the mouth Awards)
por la frase arriba indicada, Margaret McCartney considera que refleja
muy bien lo que es la investigación médica. Porque no sabemos que no
sabemos. Estamos felices en nuestra ignorancia, sin preparación
suficiente para interpretar lo que se publica en las revistas
científicas. Asumimos que puesto que hacemos algunas determinaciones (
como las cifras del colesterol), ya sabemos todo lo necesario sobre las
enfermedades, los riesgos y las personas. Afortunadamente la vida es más
imprevisible y mucho más compleja de lo que establece el REGICOR.
Parece que los responsables de la guía americana están muy satisfechos
porque solo 8 de los 15 panelistas que intervinieron en la elaboración
de la misma tenían vínculos estables con la industria. Es un gran avance
porque en la edición anterior todos ellos tenían conflictos de interés.
En España una vez más no sabemos. Las últimas Recomendaciones preventivas cardiovasculares del grupo de Prevención cardiovascular del PAPPS,
quizá el más seguido por los médicos de familia de España, no incluía
ninguna declaración explícita de conflictos de interés alguno. Tal vez
es que Atención Primaria es una revista que considera superfluo este
tipo de declaraciones. “Ojos que no ven , corazón que no siente”
(Viñeta de El Roto en El Pais)
No hay comentarios:
Publicar un comentario