Esta condición junta dos realidades distintas: la obesidad y la sarcopenia. En concreto, surge cuando el cuerpo acumula grasa y, al mismo tiempo, pierde músculo y fuerza. Ambas situaciones combinadas empeoran las consecuencias de cada una para la salud.
¿Cuáles son los riesgos de la obesidad sarcopénica?
Cuando obesidad y sarcopenia coinciden, sus efectos se potencian. Por un lado, la grasa que se acumula en la zona abdominal, la llamada grasa visceral, aumenta el riesgo de desarrollar diabetes de tipo 2 o enfermedades cardiovasculares.
Además, el exceso de grasa corporal puede causar una inflamación crónica al infiltrarse en los músculos, lo que repercute en su función y calidad.
Por otro lado, la pérdida de músculo y de fuerza repercute en la calidad de vida, ya que se pierde agilidad, equilibrio y capacidad para realizar tareas cotidianas. Esto conlleva un mayor riesgo de sufrir caídas o rotura de huesos.
La sarcopenia compromete todo el sistema metabólico
«la sarcopenia es una condición que compromete todo el sistema metabólico. El músculo es un tejido activo que regula el metabolismo, y su pérdida tiene un impacto mayor de lo que solemos imaginar».
Aunque se suele relacionar la obesidad sarcopénica con la edad o el envejecimiento, no es una enfermedad exclusiva de los mayores.
Puede aparecer en personas jóvenes después de enfermedades graves, cirugías bariátricas o dietas extremas.
«Es fundamental identificar esta condición a tiempo, porque las complicaciones que genera son mucho más difíciles de revertir en etapas avanzadas».
Pruebas para diagnosticar la obesidad y la sarcopenia
Existen varias técnicas para detectar la obesidad y la sarcopenia:
- Índice de masa corporal (IMC). Un valor superior a 30 indica obesidad.
- Porcentaje de grasa corporal. Más del 30 % en mujeres y del 20 % en hombres es indicio de un exceso de grasa.
- Masa muscular. Se mide con bioimpedancia eléctrica, BIA, o la prueba de densitometría ósea, DEXA. La primera permite valorar la composición corporal, mientras que la segunda consigue analizar con rayos X el músculo, la grasa y el hueso de forma precisa. «Aunque el DEXA es más detallado, requiere más tiempo y equipamiento especializado», comenta la doctora.
- Fuerza. Se evalúa con un dinamómetro, una herramienta para medir la fuerza de agarre. Con menos de 16 kilogramos en mujeres, o 26 kilógramos en hombres, hay sospecha de sarcopenia.
- Funcionalidad: ¿Te puedes levantar cinco veces seguidas de una silla en 15 segundos o menos? Si tardas más, es un indicador de que has perdido funcionalidad.
Fases de la sarcopenia: cómo evoluciona
Se pueden distinguir varias etapas, empezando por la presarcopenia, cuando se disminuye la masa muscular, pero se mantienen la fuerza y la funcionalidad.
El siguiente estadio se conoce como sarcopenia, en el que se presenta una pérdida de masa y fuerza muscular, así como ciertas limitaciones en actividades cotidianas.
Por último, la sarcopenia grave provoca una pérdida severa de músculo y de autonomía. Por eso, hay que insistir en que la detección precoz es fundamental para evitar complicaciones.
«El momento ideal para intervenir es en las fases iniciales, cuando aún es posible revertir el problema con dieta y ejercicio. En la sarcopenia grave, la recuperación es mucho más difícil».











