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Más de una vez se ha publicado en el Boletín Fármacos el sabio consejo que hace unos años dio Public Citizen recomendando no utilizar ningún medicamentos hasta siete años después de que se comercializara. Las razones eran múltiples. De una parte las personas que participan en los ensayos clínicos no son representativas de la población en general. Por ejemplo, hay muy pocas personas de más de 65 años, que son los que terminan polimedicadas, hay proporcionalmente menos mujeres, no existe una variedad genética representativa. A parte de todo esto tampoco se saben los efectos secundarios a largo plazo de los medicamentos para condiciones crónicas y también hay dudas sobre la calidad de los datos recabados en los ensayos clínicos y su análisis. Los lectores de este boletín ya están familiarizados con la falta de transparencia de la industria, que en más de una ocasión ha manipulado datos o ha decidido no publicar los resultados que pueden crear dudas sobre la eficacia y seguridad de los medicamentos.
Lo que nos ha llamado la atención es una editorial de JAMA [1] escrita hace ya casi sesenta años (abril de 1955) que JAMA ha reproducido en un número reciente y que María Miralles Granados—estudiante de quinto curso de la Facultad de Farmacia de la Universidad de Miguel Hernández de Alicante-- tradujo y envió al Boletín Fármacos. Una pieza auténtica de museo.
Su título es aclaratorio: ¿Nuevos medicamentos milagrosos o espejismos? Es una alerta para que médicos y pacientes no piensen que los últimos medicamentos, son el resultado de una ciencia basada en principios inequívocos aplicada por científicos irreprochables que siguen una metodología blindada a errores. Entonces y ahora los nuevos medicamentos se presentan a la sociedad como descubrimientos portentosos de empresas y científicos dedicados por encima de todo al bien de la humanidad.Pincha Aquí para seguir leyendo
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