miércoles, 13 de mayo de 2026

(SEMERGEN) Depresión y enfermedades cardiovasculares.

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Las enfermedades cardiovasculares (ECV) incluyen una amplia variedad de procesos cardíacos vasculares, estructurales y valvulares; entre ellas se encuentran la enfermedad vascular aterosclerótica (EVA) propiamente dicha, la enfermedad coronaria o cardiopatía isquémica, la enfermedad cerebrovascular o ictus, la enfermedad arterial periférica (EAP), la hipertensión arterial, la fibrilación auricular, la insuficiencia cardíaca (IC) y otros trastornos cardíacos valvulares1,2. 

La EVA es una de las patologías crónicas más comunes y la principal causa de muerte a nivel mundial3. Se estima que es responsables de 17,7 millones de muertes, según los últimos informes de la Organización Mundial de la Salud4. 

El diagnóstico de una ECV impacta en la salud mental y determina cambios en las condiciones de vida de las personas que la sufren, generando estrés, ansiedad, depresión y una peor adherencia terapéutica, lo que se traduce en una mayor mortalidad y más hospitalizaciones. Una buena salud mental, tanto individual como social, se asocia con una mejor salud cardiovascular, mientras que las personas con enfermedades mentales tienen mayor probabilidad de presentar riesgo de ECV5. 

Los pacientes que han sufrido un síndrome coronario agudo (SCA) pueden presentar cualquiera de los siguientes síndromes depresivos: distimia o trastorno depresivo persistente (ánimo deprimido, triste o irritable); duelo o respuesta emocional ante una pérdida significativa; trastorno de adaptación con estado de ánimo depresivo o reacción emocional intensa y desproporcionada a un factor estresante, aunque limitada en el tiempo; y trastorno depresivo mayor (TDM), con mayor número y gravedad de síntomas asociados a la depresión, entre ellos el ánimo deprimido o pérdida de placer o interés (anhedonia) que afecta gravemente a la vida diaria. 

La depresión es uno de los trastornos psiquiátricos más comunes en los pacientes con patologías cardíacas. Este trastorno no solo afecta su calidad de vida, sino que también aumenta la tasa de mortalidad a largo plazo en este grupo de pacientes6.

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